martes, 24 de noviembre de 2009

La crisis redobla la pobreza que había remitido en Latinoamérica

La crisis redobla la pobreza que había remitido en Latinoamérica

En 2009 se sumarán otros nueve millones de pobres tras seis años de reducción

ANA DELICADO

Latinoamérica también sufre con virulencia la crisis financiera global. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la ONU (CEPAL), otros nueve millones de personas habrán caído en la pobreza durante 2009. Es decir, los que no pueden cubrir sus necesidades básicas alcanzarán los 189 millones de personas.

Lo mismo ocurre con la indigencia. La CEPAL prevé que habrá cinco millones más de indigentes, de modo que en América Latina un total de 76 millones de personas vivirán en la más absoluta miseria. El Informe Panorama Social de América Latina 2009, que acaba de publicar el organismo, alerta también de que este es el primer aumento de la pobreza desde comienzos del siglo, cuando comenzó a reducirse de forma paulatina.
Protección social

La CEPAL calcula que entre 2002 y 2008 unos 41 millones de personas pudieron salir de la penuria gracias a políticas como la distribución de los recursos o la expansión del gasto social. Pero el avance de los últimos años ha sido revertido en 2009 con el incremento de nueve millones de pobres.

"No podemos decir que hemos echado por la borda los logros alcanzados entre 2002 y 2008. No es un sexenio perdido", dijo la secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena. "Sin embargo, este aumento de la pobreza nos obliga a actuar: debemos replantear los programas de protección social, con una visión estratégica de largo plazo y medidas que sepan aprovechar el capital humano y resguarden el ingreso de las familias y grupos vulnerables", indicó.

Un 34% en la pobreza

La pobreza afecta al 34% de la población de América Latina, mientras que las personas en situación de indigencia alcanzan el 14%. La CEPAL advierte de que con estos datos se retrasará el cumplimiento del primer Objetivo de Desarrollo del Milenio de la ONU: erradicar el hambre y la pobreza extrema para 2015. México figura como el país con más necesitados (el 34% de su población), mientras que Uruguay es el que menos pobres tiene (14%).

El estudio recoge, no obstante, los progresos que han realizado algunos Gobiernos de la región al aumentar la cobertura social. Entre 1990 y 2007, la inversión social en América Latina pasó, en promedio, de un 43% a un 60% del total del gasto público. Pero de los 21 países analizados, sólo cuatro sobrepasan los 1.000 dólares de gasto público per cápita: Argentina, Uruguay, Cuba y Brasil, por este orden. En el otro extremo se sitúan Nicaragua, Ecuador, Guatemala, Honduras, Paraguay y Bolivia, que registran un gasto social inferior a los 200 dólares por persona.

Como solución, la CEPAL señala la necesidad de fortalecer el papel del Estado para distribuir la riqueza y crear programas sociales.

La demanda de energía crecerá un 40% hasta el 2030

La demanda de energía crecerá un 40% hasta el 2030

La AIE reclama un acuerdo en la cumbre de Copenhague

MANUEL ESTAPÉ TOUS - Barcelona

Después de dos años a la baja debido a la recesión global, la demanda mundial de energía aumentará un 40% hasta el 2030, con la consiguiente tensión sobre los precios del petróleo y con una mayor presión sobre el entorno ecológico y el calentamiento climático. En la presentación, ayer, de su informe anual, el economista jefe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, subrayó la importancia de que las grandes potencias económicas alcancen un acuerdo en la cumbre de Copenhague sobre el cambio climático para asegurar una transición desde unas energías fósiles que serán cada vez más caras y que podrían doblar la factura energética en los próximos veinte años.

Sin acuerdo en Copenhague, advirtió, la proporción del gasto energético en relación al producto interior bruto de los mayores países consumidores se habrá multiplicado por dos en el 2030. En relación al petróleo, la AIE pronostica que la demanda crecerá un 1% anual, con lo cual el consumo mundial pasará de 85 millones de barriles diarios en la actualidad a 105 millones de barriles diarios en el 2030. Birol recordó que los precios del petróleo que rondarán los 60 dólares este año (después de 97 dólares en el 2008) se situarán en 110 dólares en 2020 y en 115 dólares en 2030, en términos reales, es decir, descontando la inflación. "Eso quiere decir que si no hacemos algo con nuestro sistema energético, tendremos problemas" aseguró.

Los combustibles fósiles sumarán un 77% de la demanda mundial, mientras que en una nueva muestra de los cambios económicos en curso, los países emergentes y en desarrollo serán los responsables de un 90% del proyectado aumento en el consumo de energía. En el 2025, China superará ya a EE. UU. como el mayor consumidor de energía mundial. India se situará en tercer lugar, superando a Japón, en el 2020.

A muy corto plazo, la oferta de energías fósiles es amplia después de la reducción de la demanda registrada en el 2008 y el 2009, lo que ha provocado un exceso de la oferta de gas natural licuado. Los precios del gas en Estados Unidos se sitúan en el 50% de los precios del petróleo (con una base energética equivalente). Birol pronosticó que el exceso de capacidad de gas natural licuado se multiplicará por más de tres hasta el 2015 (250.000 millones de metros cúbicos). Este inesperada evolución refleja una explosión de la producción de gas en Estados Unidos ya la construcción de plantas licuadoras en Oriente Medio. Pero esta sobreproducción se extinguirá a partir del 2015, cuando se entrará en un periodo en el que el incremento de la demanda mundial se cifrará en el equivalente de cuatro veces la producción de Rusia, primera potencia mundial en este campo.

Hace un año, Birol realizó una predicción semejante en relación al mercado del petróleo, con un pronóstico similar: en el 2030, ante los problemas de oferta de crudo sería necesaria la producción de cuatro Arabias Saudíes. Más que nunca, el informe se pone verde y reclama un "plan agresivo para limitar la concentración de gases de efecto invernadero" que permita limitar a dos grados el aumento de las temperaturas en lugar de los seis grados que se incrementarían las temperaturas si se mantienen los actuales niveles de consumo. "Ha llegado el tiempo de actuar", concluyó Fatih Birol. "Las energía fósiles son el corazón del problema".



Pero fundamentalmente la demanda china y de los países emergentes va a convertirse en la previsión global de los analistas acerca de un incremento del precio de las materias primas. De hecho, tal y como se recogía en EXPANSIÓN pág 24 el 19 de noviembre, la encuesta de gestores de fondos de Merrill Lynch establece que la inversión de los analistas ha alcanzado máximos desde 2005 en este mercado. Comprenderán ustedes que así se define un horizonte posible de crecimiento de la inflación en la OCDE. Y con ello el final de la política monetaria de bajos tipos de interés y del inicio de la famosa estanflación.

La OPEP estableció hace muchos años conseguir de manera estable una banda objetivo de precios de 35-40 dólares barril. Ahora, supone inevitable la depreciación del dólar, querría desplazar la banda anterior hasta los 60-80 dólares. Quizás no sea todavía el momento económico y político adecuado. Pero no va a abandonar sus pretensiones. Sería la mejor fórmula para mantener inalterables los ingresos propios y, también, los de aquellas economías (Rusia, Nigeria y Venezuela) que necesitan incrementar el crecimiento económico. Se facilitaría además la cohesión interna de los miembros de la OPEP.

La OPEP necesita incentivar la disciplina del cártel para poder mantener esa banda de precios cuando llegue el aumento de demanda que traiga la próxima recuperación económica de los EEUU sin llegar a estrangularla. Ha llegado el momento para que aumenten los precios de las materias primas. La cohesión interna es importante, porque la OPEP es víctima continua del dilema del "gorrón" (free rider), aquel en el que una organización otorga beneficios a todos los miembros incluso a los que ni colaboran ni participan. Dentro de poco habrá que aprovechar la ocasión para modificar la estructura del mercado, puesto que hasta ahora la evolución del precio del crudo ha demostrado que la OPEP es una estructura de productores que tiene menos poder que la de los consumidores.

Si la OPEP gana en cohesión podría beneficiarse la economía internacional. Ayudaría a eliminar la incertidumbre sobre posibles reducciones en el bombeo y facilitaría que la política monetaria y los resultados empresariales fuesen más predecibles. Hace un par de meses muchos analistas pronosticaban como probable que el barril de crudo llegase a situarse en los 70-80 dólares mientras que ahora existe un consenso casi unánime en la franja de los 90-100 dólares. Todos los Gobiernos de los países de la OCDE sabrían que, durante un tiempo, podrían controlar las expectativas de los agentes económicos, que son el motor más consistente de la reactivación. La combinación de un dólar depreciado respecto del euro y una estabilidad en el precio del crudo ayudará al control de la inflación en Europa. Es pronto para poder saber si esta tendencia hacia la estabilidad va a poder mantenerse, pero si la alianza EEUU-OPEP llega a tener éxito, aumentará la confianza en una próxima recuperación económica.

Aunque hay analistas como los del Deutsche Bank que, según EXPANSIÓN pág 32 del pasado viernes 13, señalan que el petróleo podría bajar hasta los 60 dólares en 2010, hay opiniones, basadas en la falta de visibilidad de la política global, que estiman que el crudo no bajará de los 100 dólares barril (Economista jefe del CIBC-Jeff Rubin-en La contra de LA VANGUARDIA).

Harían también ustedes bien en leer el comentario de Daniel Lacalle publicado ayer en cotizalia.com, sobre la inversión de Buffet en Exxon: "China Exxon y la guerra del petróleo".

afrontaremos una reforma laboral en el futuro, entrevista al ministro

LA ENTREVISTA DE ESTHER ESTEBAN / CELESTINO CORBACHO
"Afrontaremos una reforma laboral en el futuro, para adaptar el mercado a nuevas demandas"

Su trabajo se llama Trabajo, pero la pesadilla del Ministerio que dirige se llama paro. Aunque intenta no perder la esperanza, se le nota que las dificultades son muchas y que seguirá tragándose a diario el sapo de una mala cifra. Pero no tira la toalla. "En primavera veremos el final del túnel", asegura.

ESTHER ESTEBAN

La entrevista con el ministro de Trabajo e Inmigración se celebra en el Senado a las pocas horas de conocerse que en el mes de octubre otras 100.000 personas pasarán sus lunes al sol. No se muestra sorprendido cuando le preguntan, a bocajarro, si alguien tiene la solución a tal sangría e intenta, por todos los medios, demostrar que la tendencia no es mala. Aunque hace ya año y medio que ocupa la cartera, en su presencia se sigue teniendo la sensación de que nunca será un político de moqueta y despacho, sino un hombre curtido en la cosa pública a pie de calle.

Tal vez, por eso habla de dramas familiares detrás de cada cifra y se atreve a augurar que para las próximas elecciones hablaremos de la crisis como un mal recuerdo del pasado. Se muestra en contra de los subsidios per se y dice que patronal y sindicatos se entenderán sí o sí.

Pregunta.- El paro en octubre ha vuelto a subir en casi 100.000 personas. ¿Hay motivo para la esperanza?

Respuesta.- A mí, evidentemente, me gustaría que esa tendencia cambiara y recibir datos positivos. Aun reconociendo que el dato de octubre es negativo, creo que podemos afirmar que se está produciendo una atenuación en cuanto a la destrucción de empleo si lo comparamos con los datos del año pasado, que en el mismo mes fue de 190.000, es decir, el 50% más. Eso me hace tener un punto de esperanza y pensar que probablemente estamos saliendo del túnel.

P.- Vamos, que en unos meses cambiará la tendencia…

R.- Creo que para la primavera que viene los datos del paro van a cambiar de una manera importante. Sé que no se va a crear empleo al mismo ritmo que se destruyó, pero sí mejorará respecto a lo que estamos viendo.

P.- Pues, si eso es así, de cara a las elecciones generales el PSOE, que baja sustancialmente en las encuestas, puede haberse recuperado, ¿no?

R.- Creo que la crisis para el año 2012 va a estar ya en una fase superada, y confío y deseo que en las próximas generales hablemos de la crisis como algo que ya pasó. Lo deseo fervientemente, no por las elecciones, sino por lo que representa el paro en sí, porque detrás de un parado hay una persona, una familia y un drama. Desde el inicio de la legislatura, en abril del año pasado, se han perdido un millón y medio de puestos de trabajo, y eso son un millón y medio de dramas personales.

P.- Pero mientras tanto, muchos creen que estrategias como el Plan E son sólo pan para hoy y hambre para mañana…

R.- El plan E ha cumplido el objetivo que pretendía, que era actuar de choque, a corto plazo, y ayudar a que 14.000 empresas, que habrían desaparecido, se mantengan. Gracias al Plan E han podido aguantar y más de 400.000 personas están empleadas. Dicho esto, el Gobierno es el primero que entiende que el siguiente Plan E no puede ser una repetición mimética del primero, sino que debe tener como objetivo generar empleo pero no de corto plazo, sino de más recorrido.

P.- Ese nuevo plan que arrancará en enero, ¿en qué consiste exactamente? ¿Cuál será la diferencia?

R.- Le pondré un ejemplo. Si el primero tenía como objetivo arreglar o asfaltar una calle, porque de lo que se trataba era de dar empleo inmediato a empresas y personas, el segundo tendrá que orientarse a construir un equipamiento para que, cuando se inaugure, siga funcionando, creando empleos distintos a los de la construcción. Una guardería la construye el sector de la construcción, pero cuando abre sus puertas es el personal especializado quien trabaja allí. Ése es el punto de diferencia del segundo Plan E.

P.- ¿Qué les responde usted a quienes afirman que están convirtiendo España en un país de subsidiados y no de empleados?

R.- Primero, que si no se hubiera ampliado el subsidio, tal como ha hecho el Gobierno, probablemente hoy podríamos tener muchas personas que estarían condenadas a la exclusión social. Yo no estoy a favor de los subsidios per se, pero sí estoy a favor de la red de protección social. Lo que hacemos en un momento de crisis como la actual es extender la red de protección social para acoger a gente que caería al suelo y quedaría desamparada, sin ninguna protección. Dicho esto, es evidente que, en la medida que la economía vaya mejorando y genere empleo, hay que retroceder en los conceptos del subsidio para dedicar más recursos a las políticas activas. Ahora, hay que concebir las políticas activas como la política de la protección social. Pero en el momento que la situación económica mejore y empiece a generar empleo, lo que hay que hacer es invertir en formación, en innovación y en políticas activas.

P.- Vamos, que el subsidio no es caridad, sino solidaridad…

R.- Por supuesto. El subsidio es solidaridad y cohesión social. La caridad es otra cosa. Hay quien la practica un día a la semana y se olvida los otros seis de la suerte de esas personas.

P.- Menuda tiene usted liada con los empresarios. Es difícil encontrar en Europa un Gobierno enfrentado tan brutalmente con la patronal…

R.-Es evidente que una situación como la actual nos presiona a todos: al Gobierno, a los sindicatos y a los empresarios; a todos. Pero yo quiero mirar al futuro más que al pasado. Gobierno, sindicatos y empresarios estamos obligados a entendernos, por el interés general de España. Ahora, lo prioritario es que en una mesa de negociación bipartita, de empresarios y sindicatos, desbloquee los convenios colectivos, lo cual es muy importante para el presente y el futuro de este país.

P.- Dice Díaz Ferrán que el mundo empresarial desconfía del presidente Zapatero. ¿Eso no le preocupa?

R.- Ésa es una apreciación muy subjetiva por parte del señor Díaz Ferrán, que en cualquier caso no se corresponde con la realidad. Atribuirse que lo que él piensa es lo que piensa el 100% de la organización que representa sería una exageración. No es cierto que toda la clase empresarial española desconfíe de este Gobierno, aunque a algunos les pueda gustar más que gobierne la derecha.

P.- Tal vez sea casualidad, pero hay quien cree que la posición que critica el presidente de la CEOE está siendo respondida por el Gobierno con una durísima campaña contra él y sus empresas.

P.- No. En absoluto, desde el Gobierno no se ha orquestado ninguna campaña para desprestigiar al presidente de la CEOE. Yo deseo que el señor Díaz Ferrán, si tiene algún problema con sus empresas, lo supere, que le vayan lo mejor posible y que tenga mucho éxito. El Gobierno ni ha perseguido ni persigue ni a la CEOE ni a su presidente.

P.- ¿Qué posibilidades hay de que se recomponga el diálogo social?

R.- Estoy convencido de que, a pesar de las dificultades, los sindicatos y la CEOE llegarán a un acuerdo, sí o sí. Y que más pronto que tarde se recompondrá el diálogo social. Es evidente que, si se desbloquean los convenios colectivos inmediatamente, tenemos que poner en marcha el diálogo social tripartito. Y creo que sería altamente positivo, no porque el diálogo social en sí mismo vaya a ser el que resuelva todos los problemas de la Humanidad, sino porque es un espacio donde podemos discutir cosas.

P.- Perdone la obviedad: ¿quién crea trabajo en este país?

R.- El trabajo lo crean las empresas y las medidas económicas del Gobierno.

P.- ¿Y cómo es posible que los creadores de empleo estén a tortas con la que está cayendo?

R.- No estamos a tortas. Sólo hay algunas diferencias de criterio. La crisis económica se ha cebado con las economías de los países desarrollados, y en España inmediatamente se han hecho ajustes de plantilla. Cuando una empresa va mal, lo primero que hace es despedir a los trabajadores. Y en otros países de Europa lo que hacen es ajustar horarios y sueldos, a ver si pasa el temporal. No se ajustan plantillas. Ése es el camino que hay que andar. La discusión no se puede centrar en las indemnizaciones por despido, sino en ver qué políticas ponemos en marcha para animar la contratación. Por ahí deben ir las cosas.

P.- Oiga, ¿y por qué le da tanta alergia hablar de reforma laboral?

R.- A mí no me da alergia, en absoluto, hablar de reforma laboral. Es más, creo que un país que renuncia a reformas serías es un país que renuncia a avanzar. Reformas sí, las que hagan falta, pero todas a su tiempo.

P.- ¿Me está diciendo que el Gobierno socialista no descarta hacer una reforma del mercado laboral a medio plazo?

R.- Bueno, en el futuro, en un contexto de reformas del sistema productivo, habrá que apostar por una economía más internacionalizada, más competitiva, y adaptar nuestro mercado laboral a las nuevas demandas. Será entonces cuando deberemos afrontar una reforma del mercado laboral.

P.- ¿Qué siente cuando oye decir que Cándido Méndez tiene más influencia que usted en el Gobierno?

R.- Eso no me preocupa lo más mínimo por algo obvio: que Cándido Méndez representa a un sindicato, a la UGT, y tiene la influencia que tiene en su sindicato. En el Gobierno no tomamos las decisiones en función de lo que piensa Cándido Méndez, sino en función de lo que consideramos que hay que hacer en cada momento. No es cierto que estemos al 100% de acuerdo en todo lo que dice UGT o CCOO.

P.- Pues da la sensación de que Cándido Méndez es un ministro más. ¿En qué no está usted de acuerdo con él?

P.- Los sindicatos a veces plantean cosas que no nos gustan. Yo no estoy a favor de la política del subsidio permanentemente. En cambio, los sindicatos han pedido no los subsidios, sino una renta universal mantenida en el tiempo. Lo que sí reconozco en los sindicatos es que han dado muestras más que sobradas de responsabilidad y en esta crisis, si en lugar de tener unos sindicatos como los que tenemos y hubieran salido a la calle en el minuto 1, se habría destruido mucho tejido productivo.

P.- Ministro, ¿nuestras pensiones están en peligro? La Comisión Europa ya ha dicho que, si no se reequilibra el gasto social, hay riesgo.

R.- No, nuestras pensiones están plenamente garantizadas. Yo, con un exceso de prudencia, dije a principio de año que la Seguridad Social acabaría este año con un superávit de entre un 4% y un 5%, entre 3.000 y 4.000 millones. Y es probable que acabemos el año con un superávit por encima de los 6.000 millones. Hay que hacer reformas en la Seguridad Social, sin duda, pero no porque tengamos una crisis y estén en riesgo las pensiones, sino porque esta sociedad dentro de 25 años será diferente de la actual y, si no hacemos reformas ahora, sí que dentro de 20 años las pensiones pueden tener problemas.

P.- ¿Y usted por qué cree que las bonificaciones a las contrataciones han perdido su eficacia?

R.- Cuando se hace una bonificación para un solo concepto, un colectivo específico puede motivar el interés por parte del empresario de aprovecharse o utilizar esa bonificación. Pero cuando se universaliza la bonificación, se ha comprobado que no es eficaz. Hay que revisar el sistema, aunque se respeten los compromisos adquiridos hasta ahora.

P.- ¿Y qué pasa si una empresa ha contratado a alguien por tres años y tenía derecho a una bonificación?

R.- Eso se respetará, pero para el año próximo hay que dar esas bonificaciones a colectivos concretos; por ejemplo, a los jóvenes.

P.- Por último, dígame. ¿Qué le parecen las noticias inquietantes que llegan del Alakrana? ¿Garzón ha puesto al Gobierno en apuros?

R.- Primero, quiero trasladar mi comprensión y solidaridad a las familias. El Gobierno está trabajando y realizando gestiones diplomáticas y operativas. Trabajamos también en el ámbito de la operación Atalanta con las autoridades somalíes, con el objetivo de que la tripulación vuelva sana y salva cuanto antes. Paralelamente, se llevan a cabo actuaciones judiciales, y lo que está en ese ámbito el Gobierno no lo cuestiona.

el peligro de retrasar más la reforma laboral

Según cuenta el periodista Claudi Pérez en la pág 23 de EL PAÍS, "el BCE y BdE avisan del peligro de retrasar más la reforma laboral". Ya saben que el recetario de estas autoridades dice que para mantener el PEC y evitar la salida del euro hay que crear empleo, que a su vez genera impuestos, demanda de los consumidores, elimina morosidad bancaria y amplía las expectativas positivas de los agentes económicos. Porque si, como señalaba EL PAÍS (página 24) del pasado 4 de noviembre, y según la CE, "el paro está abocado a convertirse en un fenómeno de larga duración: la tasa de desempleo española pasará del 17,9% en 2009 al 20% en 2010. Y seguirá subiendo en 2011 hasta promediar una tasa del 20,5%", entonces es evidente que la única manera de romper el nudo gordiano es revisar las restricciones del mercado laboral. Parece inevitable el consenso social en esa medida aunque nadie quiere aplicarla por si mismo; ni los sindicatos ni la patronal ni Zapatero, ni Rajoy querrían tener la responsabilidad de aprobarla. Todo el mundo querría que el desgaste correspondiente fuera a cargo del otro. El desorden es tal, que Chaves habla de "modernización de nuestras relaciones laborales que no pueden convertirse en un tabú y para la cual hay que evitar discutir de terminologías". Además la periodista Ester Esteban titulaba una entrevista, publicada el pasado 9 de noviembre en EL MUNDO pág 14, al ministro de Trabajo, Celestino Corbacho: "Afrontaremos una reforma laboral en el futuro, para adaptar el mercado a nuevas demandas".

Resulta difícil entender las razones que han llevado al Gobierno a proponer una reunión pública sobre la reforma del mercado de trabajo dos días antes de las navidades. Es de esperar que nadie cobre dietas por participar a una reunión tan perfectamente inútil. Cada dos o tres meses vuelve la práctica del Gobierno, CEOE, y sindicatos para utilizar los "globos sonda" para saber por donde moverse. La política es saber escenificar los acuerdos y las escenas de cama y también los desacuerdos y las rupturas temporales. Ahora ha tocado al ministro de Trabajo pronunciarse públicamente acerca de dos asuntos fundamentales para la reforma del mercado de trabajo: dificultar la percepción del seguro de desempleo y abaratar el coste del despido.

En estos momentos todos los actores del consenso social están dedicados a "jugar" entre sí, lanzando ideas al contrario a través de la prensa. Gobierno y sindicatos están desde hace meses leyendo el mismo manual de "como resolver un conflicto/la negociación en siete lecciones". Todo el mundo sabe lo que cada cual quiere y cuando lo quiere. Es la aplicación del "dilema del prisionero" a la paz social. Por eso la patronal, que actúa como outsider, quiere aprovechar la ocasión para lograr reducir las cargas sociales al empleo.

Lo que importa es saber qué hacer con el mercado de trabajo para que no actúe como una restricción al crecimiento económico. Todo el mundo sabe que lo mejor en estos momentos es aumentar la flexibilidad en la organización de la producción y el gasto en formación profesional para generar mano de obra cualificada. Si se quiere conseguir ya un adicional abaratamiento del despido como una condición indispensable para crear empleo, es mejor dejarlo para otra ocasión ya que el ciclo económico recesivo evidencia los costes diferidos en los que se incurre con la contratación indefinida. Porque hay una evidencia empírica acumulada en España desde hace muchos años de que la protección al empleo basada en elevados costes de despido amplía la reducción de trabajo en las fases recesivas de la economía.

Reducir el coste del despido quizás sirviera para hacer aumentar las contrataciones indefinidas y por lo tanto hacer disminuir la tasa de temporalidad, pero produciría seguro una demanda de mayores salarios, lo que precisamente lo que no hay que hacer ahora bajo ninguna circunstancia.

Si los agentes sociales pudieran elaborar un diagnóstico del la enfermedad del mercado de trabajo distinta de la que proponen el BCE y el BdE, quizás podían aprovechar la lectura que Guillermo de la Dehesa publicó en la pág 20 del suplemento NEGOCIOS de EL PAÍS del pasado 18 de octubre: "Problemas del mercado laboral español"





TRIBUNA: Laboratorio de ideas GUILLERO DE LA DEHESA
Problemas del mercado laboral español

GUILLERO DE LA DEHESA

España ha ido convergiendo hacia la media de la Unión Europea en casi todas sus magnitudes económicas menos en sus tasas de desempleo. La evidencia muestra que en cada una de las recesiones de los últimos 35 años España ha duplicado la tasa de desempleo media de Europa, tanto en la dictadura, durante la recesión de 1973-1974, como en la democracia, en las de 1981, 1993, 1994 y la actual. Además, este problema ha sido asimétrico, ya que España sólo ha logrado igualar la tasa media de desempleo europea creciendo por encima de su potencial y generando fuertes desequilibrios, como en 2007.

En general, el desempleo es el resultado de caídas de la actividad económica en las fases recesivas del ciclo. Ahora bien, cuando un país duplica las tasas de desempleo de otros ante una recesión similar, como ha ocurrido recurrentemente en España, muestra que su mercado de trabajo sufre serios problemas institucionales y estructurales en su funcionamiento que consisten en la combinación de rigidez salarial y mercado de trabajo dual.

Primero, el sistema de negociación colectiva actual hace que los salarios no respondan adecuadamente a las variaciones de la productividad, ni a las del empleo, ni a la situación económica de cada empresa, sino sólo a la inflación, pero además, con retraso y de forma asimétrica, es decir, responden a sus subidas, pero no a sus bajadas. Esto hace que los salarios tiendan a crecer por encima de la productividad y de la inflación y que algunas empresas tengan que cerrar, al estar obligadas a acogerse a los convenios provinciales o sectoriales que predominan sobre los de empresa.

Segundo, la brecha de costes de despido entre los trabajadores indefinidos y los temporales es enorme, ya que son muy bajos para los segundos, que son jóvenes de más reciente incorporación al mercado de trabajo, con cualificación elevada, a los que se despide fácilmente, y son elevados para la mayoría de los trabajadores más antiguos, con contratos indefinidos, que en promedio tienen menor cualificación que los anteriores y a los que se despide con dificultad o no se les despide. Es decir, existe un mercado laboral dual en el que, cuando llega una recesión, se despide mucho a los primeros y poco a los segundos, independientemente de sus conocimientos, cualificación, esfuerzo y desempeño. Esto hace que la rotación de los temporales sea enorme y la tasa de desempleo duplique la de otros países de la UE.

Además, este mercado dual aumenta la desigualdad, permitiendo que los primeros, con contratos indefinidos, más seguros en su empleo y con un nivel de afiliación sindical elevado, presionen fuertemente para aumentar sus salarios, mientras que los segundos, con contratos temporales e inseguros en su empleo y con poca afiliación, salen perdiendo, ya que las empresas, si no pueden ajustar los salarios de los primeros, pueden acabar despidiéndolos.

Ambos problemas estructurales terminan resultando en una mayor inflación, una menor productividad, una menor movilidad laboral y un mayor desempleo que en los demás países de la UE. Paradójicamente, modificar esta situación no requiere gastar más recursos públicos o privados, sino que basta con ponerse de acuerdo en hacer algunos cambios legislativos y administrativos prudentes y razonables en los que pueda alcanzarse consenso.

El nivel de desempleo resultante del actual marco laboral es mayor que en otros países por cuatro razones: primera, porque al ser más fácil despedir a los jóvenes (y especialmente a aquellas mujeres que han acudido más tarde, pero masivamente, al mercado de trabajo, por estar mucho más cualificadas que antes de 1984), éstos son los primeros en quedarse sin empleo, pues el mercado se vacía y se ajusta primero a su costa. Segunda, porque la actual negociación colectiva hace que los salarios respondan muy poco a la situación económica de las empresas, a las variaciones de la actividad económica y al nivel de desempleo. Es decir, al no ceder los salarios (precios), el mercado termina ajustándose vía cantidades, reduciendo los empleos. Tercera, porque la contratación a tiempo parcial, que ha sido la base fundamental de la creación de empleo en Europa, es muy baja en España, ya que, al ser mayoritariamente indefinida, es desplazada por la contratación temporal, más flexible. Cuarta, porque las políticas activas de empleo de formación y reciclaje son un porcentaje muy bajo del total que está dominado por las pasivas, y porque la intermediación pública de las colocaciones es sólo en un 10% del total.

La productividad resultante de este marco es menor que en otros países por tres razones: primera, porque los nuevos trabajadores temporales que son contratados suelen tener una cualificación superior a la del puesto de trabajo que se les ofrece, desperdiciándose su mayor nivel de cualificación. Segunda, porque las empresas, al no saber si van a necesitar despedir a estos trabajadores temporales más adelante, no les dan formación suficiente dentro de la compañía, condición necesaria para aumentar su productividad. Tercera, porque ante su permanente sobrecualificación e incertidumbre sobre su futuro en la empresa, los trabajadores temporales tienden lógicamente a mostrar un menor interés y esfuerzo en su trabajo y un mayor absentismo que si fuesen indefinidos.

La tasa de inflación salarial resulta ser más elevada que en otros países por tres razones: primera, porque el sistema actual de negociación colectiva y las cláusulas de salvaguardia de los convenios hacen que los salarios tiendan a crecer más que la tasa de inflación, ya que suelen ajustarse a sus subidas, pero no a sus bajadas. Segunda, porque los salarios se ajustan con retraso a la inflación por la firma creciente de convenios plurianuales que se acercan ya a tres años y por la ultraactividad salarial en algunos convenios. En una situación de recesión como la actual, en la que la inflación al consumo cae o incluso llega a ser negativa, se mantienen convenios anteriores con aumentos salariales muy superiores a la inflación. Tercera, porque como los salarios tampoco se ajustan a las caídas de la productividad, los costes salariales unitarios, es decir, ajustados por su productividad, crecen por encima de los de otros países de la UE.

La movilidad laboral intraempresarial es menor, puesto que aunque los trabajadores indefinidos pueden ser trasladados a otras divisiones o centros de trabajo, no así los temporales, al incurrir en unos costes que no podrán recuperarse si finalmente van a ser despedidos y porque no han recibido la formación necesaria para su nuevo puesto. La movilidad laboral interempresarial es menor porque los trabajadores con contrato indefinido y costes de despido elevados no se atreven a cambiar a otras empresas, pues perderían sus derechos implícitos en la percepción de su actual coste de despido, ligado a su antigüedad. La movilidad interterritorial es menor porque los trabajadores temporales no se atreven a buscar empleo en otras ciudades o regiones con mayores probabilidades de encontrar empleo debido a que tienen la incertidumbre de que puedan terminar siendo despedidos después de haber alquilado una vivienda y trasladado a su familia.

Finalmente, los jóvenes, ante la dificultad de encontrar un empleo indefinido, ven dificultadas o retrasadas sus decisiones de tipo vital, tales como su emancipación y su procreación, lo que afecta negativamente a su acceso a una vivienda, a su tasa de fecundidad, cuando esta está cayendo de forma preocupante, y al futuro del sistema de pensiones de reparto. En el próximo artículo plantearé algunas propuestas de reforma que mejoren esta situación.

Guillermo de la Dehesa es presidente del Centre for Economic Policy Research.

políticos y periodistas

Políticos y periodistas
PATXO UNZUETA /2009

Gracias, tu voto: Resultado 80 votos Quizá haya llegado la hora de decir definitivamente adiós a la costumbre de denostar a los políticos, escribió aquí hace ya 17 años el ensayista alemán Hans Magnus Enzensberger. El artículo, titulado Compasión con los políticos, venía a ser un resumen algo exagerado de los rasgos que caracterizan a la clase política: prevalencia de la medianía, incapacidad de juicio, pensamiento a corto plazo, aferramiento al poder, entre otros; y de lo desagradable que se ha vuelto pertenecer a una profesión que, por ejemplo, implica la necesidad de elogiarse a sí mismo (aguantando la vergüenza), o la humillación de tener que fingir (teatralmente) ser el autor de lo que otros han escrito. Todo ello mueve más a la piedad que al ensañamiento, sostenía Enzensberger.

La noticia en otros webs
•webs en español
•en otros idiomas
Zapatero paga el precio de tomarse en serio la teoría de que sólo el presidente hace política
Además, la prensa puede llegar a ser muy cruel; y ventajista: en su biografía de Mitterrand, Franz Olivier Gisbert atribuye al ex presidente francés la idea de que el lector es más indulgente que el elector: "Si el político se equivoca, está vencido. Tiene que atravesar el desierto". El periodista, en cambio, "puede escribir lo que sea y equivocarse en todo: eso no cambiará nada. Sus periódicos se venderán igual de bien o igual de mal".

En el último Comité Federal del PSOE Zapatero exhortó a los suyos a no dejarse impresionar por un par de editoriales o la opinión de tres tertulianos. Y los lectores que se han dirigido a la Defensora del Lector de este periódico se quejan no tanto de las críticas incluidas en tales editoriales como de la agresividad y carácter excesivamente personalista (ad hominen), de la crítica contra el presidente. Hay algo de injusto en cargar sobre las espaldas de Zapatero toda la responsabilidad por la falta de respuestas eficaces a la crisis, cuando esa incapacidad la comparten muchos otros políticos, economistas y periodistas. Pero hay que reconocer que en materia de personalización del poder Zapatero ha pujado alto.

Felipe González ejerció un liderazgo fuerte desde el comienzo, y Aznar acabó haciéndolo también, pero ninguno de ellos llegó a encarnar un presidencialismo tan conjugado en primera persona como Zapatero, que además lo tiene teorizado. En el verano de 2006, le explicaba a Juan José Millás que "no necesitamos a los medios como los necesitaron Felipe o Aznar porque nosotros conectamos con el ciudadano gracias a la fuerza que nos da creer en lo que decimos". El líder se comunica con el pueblo directamente, no por sus ideas sino por su convicción. Por otra parte, "la ciudadanía elige al presidente, que es quien hace política: los ministros son sus auxiliares", dijo un día de junio de 2006 ante varios periodistas.

El lunes pasado, en su entrevista en la SER, Francino le preguntó por la acusación de haber marginado a la vieja guardia felipista y por dos veces respondió diciendo que la prueba en contrario es que tiene "dos vicepresidentas que fueron secretarias de Estado con Felipe González". También citó a Rubalcaba, pero olvidó (freudianamente) que también tiene un vicepresidente, Chaves, que fue ministro de Trabajo entre 1986 y 1989. Chaves precisamente: el superviviente de la foto sevillana de la tortilla, acta fundacional del felipismo.

El núcleo fundacional del zapaterismo no tiene foto: "Nosotros -le dijo también a Millás- somos una generación sin relato. Más aún, nuestra generación no hace relato, no relata, no escribimos, no hay cosas nuestras. No estuvimos detenidos, no conocimos el mayo del 68 (...)". Sin embargo, hay una cierta tendencia a presentar con aire épico ("coraje"; resistencia "a los poderosos") decisiones administrativas. Otro rasgo del momento, éste compartido por los portavoces de casi todos los partidos, es el de tomar por argumentos la mera afirmación de posiciones (o de intenciones: trabajamos para, nos esforzamos por...).

Las críticas a esa forma de gobernar no son nuevas. Lo nuevo es la crisis y el paro, que despiertan en la gente el afán por encontrar culpables. Si Zapatero es el único que hace política de verdad, y los ministros meros auxiliares a los que se nombra o cesa por motivos aparentemente más relacionados con la imagen (el récord) que con el mérito, es lógico que, cuando las cosas van mal, la gente le mire a él.

Por eso, lo peor que podría hacer el círculo que rodea al presidente es instalarse en la pregunta de por qué las críticas aparecen precisamente ahora o en las suspicacias sobre supuestas motivaciones generacionales para evitar tomarlas en cuenta. Si lo hace, estará imitando a Mariano Rajoy, refugiado en el burladero de las insinuaciones sobre el origen de las filtraciones del caso Gürtel para dispensarse de tomar decisiones antes de que sea demasiado tarde.

¿Y los periodistas? Lo peor que podrían hacer es aprovecharse de su posición para hacer política partidaria sin asumir los riesgos de esa actividad; y lo mejor, seguir al Camus editorialista de Combat en su disposición a resistir la ola imperante (el "espíritu de la época") y en su afán por interesar al lector sin halagar sus peores instintos, incluido el del linchamiento.

"Hay una posibilidad de tres de recaída en la economía"

Entrevista Stephen Roach

"Hay una posibilidad de tres de recaída en la economía"
Roach dejó hace tres años el cargo de economista jefe en Morgan Stanley para trasladarse a Hong Kong como presidente de la entidad en Asia. El conocido gurú avisa de que la recuperación económica global será "muy débil"

Fernando Martínez - Madrid - /2009

Una economía "vulnerable". Así es como ve Stephen Roach, el pesimista por excelencia de Wall Street, a la economía americana. "La recuperación va a ser muy débil y eso la hace vulnerable", explica el presidente de Morgan Stanley Asia. Roach se mudó hace tres años a Hong Kong para seguir más de cerca la situación de un continente que jugará un papel determinante en la economía del siglo XXI. Fruto de ese análisis es su nuevo libro, The Next Asia, que publicará en inglés la editorial John Willey & Sons. En una entrevista telefónica con CincoDías, Roach comenta la situación económica global.

El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, afirma que la recesión ha terminado. ¿Cuál es su opinión?

La clave no es si la recesión ha terminado o no. La clave es que la recuperación va a ser muy débil y eso la hace vulnerable. Las economías que tienen una recuperación débil son vulnerables. Bernanke no dijo eso, pero ahora lo estoy diciendo yo. Cuando el principal sector de la economía estadounidense, que no es otro que el de los consumidores, se va a recuperar al ritmo más débil de su historia, eso significa que EE UU no tendrá el colchón que en otras ocasiones le ha protegido de distintas perturbaciones económicas. Hay una posibilidad entre tres de que la economía sufra una recaída. Las economías débiles crecen a lo que yo llamo velocidad de despegue, como cuando un avión levanta el vuelo, y es esa es una situación en la economía está expuesta a muchas perturbaciones. Esta visión es válida tanto para EE UU, como para la economía global. Así que felicito al señor Bernanke, pero me temo que el futuro puede ser muy diferente.

Pero mucha gente piensa ahora que la crisis global no es tan grave como parecía hace un año.

Es cierto que la crisis es terrible, pero al mismo tiempo yo nunca creí que estuviéramos verdaderamente cerca de una gran depresión, como otros sí pensaron. Los fuertes estímulos políticos empleados han sido muy importantes. La señal enviada por los Gobiernos ha dado tranquilidad. Lo que me preocupa ahora es que va a ser realmente difícil revertir los efectos de esas medidas.

En su libro, usted hace referencia a Europa y pinta un panorama sombrío, con las tasas de paro elevadas, convirtiéndose en estructural...

Creo que Europa tiene un gran potencial. Pero ahora mismo, las fuertes complicaciones estructurales dominantes desequilibran la situación global de la economía europea. Es interesante, por ejemplo, el papel que ha jugado en la generación de burbujas una fuerza laboral muy altamente remunerada. Así que Europa debe afrontar reformas estructural, como hacer el mercado laboral más flexible. Si lo consigue, entonces no habrá ninguna razón para que Europa no pueda mejorar su perfil de crecimiento y jugar un papel importante en la economía global y también en Asia. Pero de momento estamos lejos de eso.

Después de tres años en Asia, ¿cuál es su conclusión sobre el continente?

Pienso que en algunos casos se están dando generalizaciones superficiales sobre lo que ocurre en Asia en estos momentos. Si uno se fija sólo en la espectacular expansión de lugares como Pekín, Shanghai, Singapur o Hong Kong, eso no le proporcionará las señales claras de los desafíos que afronta Asia. Es una región cuyo motor histórico ha sido la exportación, respaldada por una enorme demanda procedente de las economías desarrolladas. Eso se ha convertido en un gran riesgo y es necesario que tenga lugar ahora un mayor apoyo interno de una población que significa nada menos que 3.500 millones de consumidores. Ese cambio será una pieza central de la nueva Asia, que será muy diferente de la Asia actual.

Entonces, ¿de qué manera se resumen los desafíos que tiene que afrontar Asia?

Diría que hay tres. El primero es que la demanda externa se está contrayendo de manera dramática; el exceso de consumo procedente de América se ha terminado y es preciso ajustarse a eso. En segundo lugar, reorientar el destino del ahorro privado en Asia, un continente caracterizado por la inseguridad laboral. Por último, los Gobiernos deben invertir más en asuntos como la seguridad social, atención médica y seguros por desempleo.

La Fed debe garantizar la estabilidad financiera
- Estabilidad financiera. Stephen Roach opina que es prioritario que la Reserva Federal, el banco central de EE UU, obtenga el mandato de perseguir la estabilidad financiera.

- Estándares estrictos. El economista y directivo de Morgan Stanley opina que la "terrible política monetaria" del ex presidente de la Fed Alan Greenspan alentó un exceso de endeudamiento en instituciones y hogares que "no debería haber sido tolerado". Por eso, Roach cree que la Fed debe defender pautas de comportamiento y "estándares muy estrictos", dentro de su mandato de estabilidad financiera.

- Antecedentes. No es la primera vez que cambia el mandato de la Fed. Ya ocurrió en 1946, cuando el Congreso decidió que la autoridad monetaria velase por el pleno empleo. En 1978, se aprobó un nuevo objetivo: buscar la estabilidad de precios. Los tipos de la Fed están hoy entre el 0% y el 0,25%.

lunes, 23 de noviembre de 2009

la demanda agregada de Keynes, la teoría de la oferta, de Hayek y la teoría de la inestabilidad financiera de Minsky

"Basar el desarrollo en las exportaciones es una ilusión"
William White. Presidente de Desarrollo Económico de la OCDE, es el economista que ni Greenpan ni Trichet quisieron escuchar




William White, canadiense, tiene 66 años. Trabajó tres años como economista en el Banco de Inglaterra y 22 en el Banco de Canadá. En 1994 se incorporó al llamado banco de los bancos centrales, el Banco de Pagos Internacionales de Basilea, Suiza, donde entre 1995 y 2008 fue consejero económico y responsable del departamento económico y monetario. Desde allí advirtió durante años sobre los riesgos de un colapso económico y financiero. Alan Greenspan, que acudía todos los meses a Basilea, no le escuchó. Ahora preside el Comité de Desarrollo Económico y Supervisión de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).

¿Recuerda la conclusión del informe del Banco de Pagos de Basilea del 25 de junio de 2007?

Sí, claro.

Decían ustedes: "Virtualmente nadie predijo la Gran Depresión de los años 30 o la crisis de Japón y el sudeste de Asia a principios y finales de los noventa. De hecho, cada recesión ha estado precedida por un periodo de crecimiento exuberante no inflacionista suficiente como para que los comentaristas sugieran que una Nueva Era ha llegado".

En efecto, esto me lleva a menudo a preguntarme cómo es posible que la gente pueda predecir los problemas y nadie esté dispuesto a escuchar.

Pero la versión publicada es que nadie ha previsto esta crisis y no la de que nadie ha escuchado.

Así es. Es que no todos lo habían previsto. Y, claro, todos los animales son iguales pero algunos son más iguales que otros. Es decir: tenemos gente como Alan Greenspan presidente de la Reserva Federal entre 1987 y 2006; Ben Bernanke miembro de la Reserva Federal entre 2002 y 2005 y presidente desde 2006; Alan Blinder vicepresidente de la Reserva Federal en 1994 y 1996 y académicos norteamericanos respetados en todo el mundo que dominaban el pensamiento y para quienes la situación era básicamente sana. Su explicación era que todo estaba bajo control porque la inflación había sido dominada. Y luego hay tipos como yo, que no tienen la misma reputación académica o intelectual o las conexiones políticas. Las personalidades importan mucho. Y está también lo que llamo el paradigma. Alan Greenspan no es un estúpido. Uno de los miembros de la Reserva Federal, Ed Gramlich, le advirtió de que iba a haber problemas con los préstamos hipotecarios subprime y los de la vivienda en general. Ni Greenspan ni la otra gente le escuchó. No son tampoco estúpidos. Tenían una idea, un credo: si el mercado lo está haciendo, tiene que estar bien.

Es decir, una crisis como la que vivimos no podía estallar.

Sí. Dicho simplemente, desde ese punto de vista ideológico, estas crisis no tenían sitio. Por eso, cuando te planteas cómo vamos a evitar que vuelva a ocurrir llegas a la conclusión de que no es una cuestión de reemplazara unas personalidades por otras. Es cuestión de cambiar el paradigma, es decir, el pensamiento dominante. Y hay otro aspecto que explica por qué nadie quiso escuchar: la cantidad enorme de dinero que hizo mucha gente durante estos años. A nadie le interesaba preguntar si podía durar o cuestionar las razones si podía ganar gran cantidad de dinero. Y la verdad es que esto nos ha llevado a la peor crisis económica desde los años treinta del siglo pasado.

Con todo, ya está de moda hablar de "planes de salida" de la crisis.

Sí, es una moda. Es un verdadero enigma dentro de una paradoja. Unos dicen: no tienes que ir muy rápido y quitar los estímulos fiscales. Otros replican: tampoco tienes que ir demasiado lento. ¡Muy bien, muchas gracias! Porque, ¿cuál es el criterio para saber lo que se debe hacer?

A mediados de septiembre pasado, usted dijo que la recuperación estaba lejos de estar asegurada y habló de una recaída. El presidente Obama parece haberle escuchado. El miércoles pasado, advirtió en China sobre el riesgo de una recaída.

El presidente Obama dice algo razonable. Si el Gobierno norteamericano no presenta un plan solvente para reducir el déficit, puede haber un rebote de los tipos de interés, lo cual provocaría una recaída (double dip recession). Obama tiene la mirada puesta en el Congreso. Claro que cuando haces una advertencia como esta y no consigues un plan que ofrezca credibilidad, el problema se agrava. Por otra parte, la presión sobre China para que deje apreciar su moneda, el renminbi, no parece haber tenido buena acogida.

Por tanto, no canta usted victoria sobre la crisis para nada.

Nos ha llevado 20 años formar este lío. ¿Cómo vamos a salir en unos meses? Tanto las empresas, como las familias y los bancos siguen con una superdeuda. El proceso de desendeudamiento no termina de empezar. La caída de la actividad ha reducido el Producto Interior Bruto de los principales países, esto es, la deuda como porcentaje del PIB ha subido. Es lo que llamamos una deflación de deuda. Y ahora hemos añadido la deuda del sector público. Una cosa es que haya algunos indicadores que van mejor, pero cuando estamos descontando una tasa de desempleo del 10% o superior en EEUU durante todo 2010, ¿de qué brotes verdes me están hablando?

Si, como parece, la recuperación no es sostenible o depende en gran medida de las ayudas estatales, ¿cuál es el plan B?

Si todo este plan de estímulos no termina de cuajar, lo único que se habrá conseguido es retrasar uno de los mecanismos intrínsecos del capitalismo como sistema, es decir, un ajuste muy doloroso, a través de la deflación, la reducción generalizada (todavía más salvaje) de precios y salarios. Al estilo de lo que pregonaría la escuela austriaca, si usted prefiere. En realidad, creo que el nuevo paradigma del que hemos hablado se formará sobre un nuevo cóctel que tenga en cuenta la demanda agregada, según John Maynard Keynes; los postulados de la oferta, según Friedrich Hayek y los austríacos, y la teoría de la inestabilidad financiera de Hyman Minsky, un economista norteamericano que Alan Greenspan y la gente de la Reserva Federal no ha tenido en cuenta. Pero todo esto llevará tiempo. Los nuevos modelos económicos tardan mucho en implantarse.

En España, precisamente, existe la creencia en ciertos sectores del Gobierno de que es un problema de voluntad.

España ha experimentado un auge colosal del sector inmobiliario y de la construcción, una burbuja, y llevará mucho tiempo establecer las precondiciones para un cambio tan radical de la economía, donde el déficit por cuenta corriente, que ya se está reduciendo, tiene que bajar más a costa del brutal ajuste interno. En Irlanda, donde también ha habido burbuja inmobiliaria, el ajuste será igualmente tremendo. Pero no sabemos cuánto tiempo va a llevar ni cuál será el resultado. Las estructuras de producción de una gran cantidad de países, como España e Irlanda, no son las adecuadas. Y la idea de que se puede establecer una estrategia de desarrollo con base en las exportaciones es una ilusión. Ello implicaría que los países con grandes superávits comerciales se dedicaran a producir bienes no comercializables en otros países, mientras que los deudores fabricarían un número mayor de bienes comercializables en el exterior. Sectores como los del automóvil, banca, vivienda, construcción, comercio al por menor, transporte y turístico van a tener que adelgazar.