jueves, 4 de noviembre de 2010

Gallardón perdona si le ayudan a refinanciar

EL PAIS. 04/10. Pág. 7. Gallardón “perdonará” a Exteriores si Zapatero le deja refinanciar la deuda. El alcalde y la ministra Jiménez inauguran la nueva seda de Casa Sefarad. Ya saben que el Ayuntamiento de Madrid está en quiebra técnica debido a un exceso de inversión y una elefantiasis en el gasto corriente. Gallardón aprovecha la ocasión de cambios de ministros para sugerir un cambio de cromos a la Ministra Jiménez, el Gobierno me ayuda a refinanciar el problema económico y yo te apoyo en la vida política española. Las dos partes ganan porque las dos están acogotadas por el miedo y la angustia. Más o menos como le sucede a Obama.

Gallardón perdona si le ayudan a refinanciar

EL PAIS. 04/10. Pág. 7. Gallardón “perdonará” a Exteriores si Zapatero le deja refinanciar la deuda. El alcalde y la ministra Jiménez inauguran la nueva seda de Casa Sefarad. Ya saben que el Ayuntamiento de Madrid está en quiebra técnica debido a un exceso de inversión y una elefantiasis en el gasto corriente. Gallardón aprovecha la ocasión de cambios de ministros para sugerir un cambio de cromos a la Ministra Jiménez, el Gobierno me ayuda a refinanciar el problema económico y yo te apoyo en la vida política española. Las dos partes ganan porque las dos están acogotadas por el miedo y la angustia. Más o menos como le sucede a Obama.

media América está asustada

ANÁLISIS: Elecciones legislativas en EE UU ANÁLISIS
El miedo de media América
EDUARDO LAGO 04/11/2010
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Políticamente, el momento de mayor peso vivido en Estados Unidos desde hace décadas fue la elección de Obama como presidente hace dos años. El segundo momento más importante, desde el punto de vista de la ciudadanía de a pie, ha sido el voto de castigo a su gestión del pasado martes. Conviene analizar la situación más allá de las cifras, que son inequívocas. Hay un elemento intangible, que traduce el estado de ánimo de una parte importante de la población, la que no se acercó a las urnas. El electorado norteamericano está, lo sabemos, fuertemente dividido, como subrayó el empate técnico entre Al Gore y George W. Bush, en noviembre de 2000. El país estuvo en vilo por espacio de varias semanas. La lección mayor, entonces, fue la impresionante solidez de las instituciones. El discutido desenlace es menos relevante. Cuatro años después se vivió un momento similar al de hace dos días, cuando Bush fue reelegido en 2004.

Obama admite la frustración del votante
Obama asume la responsabilidad por la "paliza" recibida

Estados Unidos
A FONDO
Capital: Washington.
Gobierno:República Federal.
Población:303,824,640 (est. 2008)
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La exacerbada división del país se volvió a poner de manifiesto entonces. Hay dos Américas, y el margen que separa a una de otra es muy estrecho. Nueva York, California y otros lugares emblemáticos -la América liberal- revalidaron ayer a Obama. Esa es la lectura real de la elección del martes. Hay un sector importante del país que nunca ha perdido la cordura. Cuando, como reacción contra los atentados del 11 de septiembre, Bush decidió invadir Irak, Nueva York se echó indignada a la calle. Es ése el elemento intangible de que hablo, la conciencia ciudadana de un sector muy importante del electorado que prefiere actuar sin hacer ruido. Los resultados del martes se han vivido como una jornada de castigo, pero ¿castigo a qué? No a los errores del presidente y su Administración, sino a todo lo contrario: al hecho de que haya sido escrupulosamente fiel a sus ideales, cifrados en una palabra: esperanza de cambio. El programa político de Obama es de una audacia y realismo sin precedentes. El Tea Party es la cristalización del miedo cerval que siente media América a que las cosas dejen de ser como venían siendo desde siempre.

Media América está asustada, y con motivos. Hay un elemento de histrionismo en el empeño del Tea Party por impedir cambios profundos, y ello puede resultar contraproducente para los republicanos a la larga. En el fondo estamos siendo testigos de un violento forcejeo contra lo que Obama ha demostrado que sí es capaz de hacer. Tras el martes, se ha llegado a una situación de desequilibrio. Se ha dado un bandazo, pero no se ha cerrado definitivamente ningún ciclo, habrá un movimiento de signo contrario. Los resultados tienen una dosis de espejismo, y no suponen, ni mucho menos, el final de la esperanza.

Eduardo Lago es escritor y director del Instituto Cervantes de Nueva York.

el prestamista de última instancia


Obama, tocado en el ecuador de la legislatura
Pedro Schwartz
¡Es la economía!El elemento fundamental de la derrota electoral del partido de Obama es que la mayoría del electorado le culpa de una mala gestión económica. ¿Tienen razón esos votantes desafectos? Cierto que hay más razones para el descontento, por ejemplo la política exterior. Ha cundido la convicción, no del todo infundada, de que el presidente no ha sabido mantener el protagonismo de EEUU en el escenario internacional: los activistas de la Tea Party incluso le acusan de no creer (como yo también lo creo) en el papel poco menos que providencial de la gran República en la marcha de la historia moderna.
Pero es la crisis económica la que explica el fracaso de Obama tras apenas dos años de presidencia. No hay que tomar, sin embargo, esta constatación a la manera de Zapatero, como si la mala situación de la economía americana fuera algo que hubiera golpeado a los demócratas desde fuera, como un tornado o un terremoto del que no fueran responsables. Obama heredó una mala situación financiera y económica del presidente Bush, pero sus medidas han contribuido a prolongar la recesión y a crear la amenaza de una recaída.
Precedentes
Para que se vea lo justificado de atribuir a Obama un importante grado de responsabilidad por lo débil de la recuperación de la economía estadounidense tras la gran contracción de 2007 a 2009, es necesario compararla con la depresión de los años 1929 a 1940. El último economista en hacer esta necesaria comparación ha sido Robert Lucas, en una reciente y muy interesante conferencia en la Fundación Rafael del Pino. La actual crisis ha sido menos grave que la de los años treinta, y no por casualidad. En efecto, la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro han aprendido la lección impartida por Milton Friedman y Anna Schwartz, en 1954, de que los sistemas bancarios modernos no pueden quedarse sin liquidez. De 1929 a 1933, hubo tres episodios de carreras contra los bancos de depósito, sin que la Reserva Federal supiera intervenir para mantener la oferta monetaria en el nivel adecuado. La consecuencia de este fallo fue una reducción del dinero básico y de los depósitos (que también son dinero) en algo más de la mitad.
Esa falta de liquidez de empresas y consumidores individuales les llevó a intentar recomponer su caja recortando drásticamente los gastos de inversión y de consumo, lo que llevó en esos años a una reducción del gasto nominal en bienes y servicios del 58% nada menos. En esta primera década del siglo XXI, por el contrario, se ha evitado un colapso de liquidez de tan grave magnitud. Se planteaba ahora una dificultad adicional para que las autoridades desempeñaran debidamente el papel de prestamistas de última instancia definido por Friedman y por Schwartz: los bancos de depósito recibieron sin fallo la liquidez necesaria, pero había otras instituciones financieras no bancarias que no existían en los años treinta del siglo pasado. Se trataba de los bancos de negocios y de las aseguradoras, como Lehman Brothers y AIG, que habían repartido a troche y moche riesgo financiero por el mundo entero y que no estaban bajo el paraguas del banquero central. El miedo a fomentar una actitud de riesgo inducido o moral hazard en el sistema financiero hizo dudar a la Reserva Federal y al secretario Paulson sobre el camino a seguir. Dejaron hundirse a Lehman y nacionalizaron AIG. A toro pasado, es muy fácil criticar lo que hicieron.
Entra en escena Obama con una política económica añadida a la política monetaria de mantenimiento de la liquidez: la de reactivación directa de la economía productiva. Tanto el Gobierno americano como la Reserva Federal (que ha perdido su independencia y es ahora un departamento más del Gobierno) han creído que, con sus medidas, eran capaces de reanimar la producción, incentivar la demanda y reducir el paro. Para poner en práctica esa política neo-keynesiana, el Gobierno de Obama no ha dudado en multiplicar el déficit; y el Consejo de Gobernadores de la Fed, encabezado por Bernanke, en comprar deuda con dinero creado de la nada.
Intervencionismo
Así, se repiten los errores de Franklin D. Roosevelt y su New Deal. Superado el problema de la falta de liquidez, las autoridades de EEUU han decido aumentar su intervención en la economía y la sociedad, de la misma manera y con los mismos resultados negativos de entonces. Como bien subrayó Lucas, Obama repite la actitud de hostilidad frente al mundo empresarial, acusado de codicia sin límite. Amenazan con nuevos impuestos contra “los ricos”. Ha impuesto una reforma sanitaria apoyada en la mentira, el disimulo y la coacción: ni puede ser verdad que con se reducirá el gasto público; ni es aceptable que para financiarla se reduzcan los beneficios del Medicare de los mayores; ni es conforme a la tradición americana que quienes se nieguen a asegurarse contra la enfermedad puedan acabar en la cárcel. La nueva ordenación de la actividad financiera confiere poderes mayores e indefinidos a los reguladores. Obama no ha dudado en usar ríos de dinero público para salvar empresas sindicalizadas del sector del automóvil de Chicago, a costa del contribuyente y con daño a los fabricantes solventes de vehículos de otros Estados de la Unión. Por fin, nada ha hecho por embridar a Fanny Mae y Freddy Mac y deshacer el espejismo del “sueño americano” de una casa en propiedad para cada familia.
Por suerte, la conquista de la Cámara Baja por los republicanos atará las manos de un presidente aquejado de activismo irresponsable.

una Casa Blanca demócrata y un Congreso republicano

Las críticas más fundadas es si la medida va a conseguir su objetivo de reactivar el empleo y yo me incluyo entre los que piensan que no. En el gráfico anterior se ve claramente como la Fed se enfrenta a una trampa de liquidez bancaria de manual. Todo el aumento del balance le vuelva a la Fed como exceso de reservas de los bancos por lo que el dinero no llega a empresas y familias y eso impide que se cree empleo que se reactive la demanda de vivienda y la creación de empleo como sucedía en recuperaciones anteriores.
En su primera actuación de 2008 la Fed también recibió muchas críticas pero su intervención era absolutamente necesaria. La deflación de activos era desproporcionada, los bancos se descapitalizaban día a día y el mundo se dirigía a la depresión. La Fed consiguió mediante la compra directa de activos saltarse la trampa de la liquidez y estabilizar los mercados financieros, factor determinante para permitir que finalizase la recesión y la destrucción de empleo el verano de 2009.
La duda es que ahora los precios de los activos se han estabilizado y los tipos de largo plazo de la deuda pública están próximos al 2.5% por lo que no justifican una intervención de urgencia. En éste escenario lo que impide la recuperación es el racionamiento de crédito a empresas y familias y es difícil justificar con evidencia empírica y fundamentos teóricos los vasos comunicantes entre compra deuda pública y oferta de crédito.
Cómo decía un clásico banquero central “puedes llevar al caballo al abrevadero pero no puedes obligarle a beber” Puedes bajar los tipos a cero e inundar el sistema de liquidez pero si la demanda de crédito es débil y, como es el caso actual, si los bancos son reacios a prestar no conseguirás tu objetivo. Lo que tiene que hacer la Fed es preguntarse porque los bancos son reacios a prestar y eso tiene que ver como sus enormes vencimientos de deuda que tienen que afrontar en los próximos dos años, sus dificultades para refinanciar esos vencimientos, su elevada morosidad y su débil capitalización y para desatascar esto no parece que la medida más eficaz sea monetizar deuda pública.
Además la deuda pública americana se aleja cada día de su senda de estabilidad. Ahora una Casa Blanca demócrata y un Congreso republicano son una buena combinación para iniciar un plan de consolidación presupuestaria y eso tendrá un impacto negativo sobre la actividad y el empleo. Durante el proceso de consolidación, como estamos viendo en Europa, se pueden producir episodios de inestabilidad y en esos momentos es posible que la Fed se arrepienta de haber malgastado los escasos cartuchos que le quedan. Al menos la Fed se equivoca por exceso sin embargo todo parece que el BCE va a volver a pecar de ortodoxia y va a retirar medidas extraordinarias de liquidez. La Fed no está consiguiendo reactivar el empleo pero evitó la deflación. Si Europa fuera el líder mundial, el euro la moneda de reserva y el BCE hubiera replicado su política monetaria desde 2008 hoy estaríamos en depresión y las tasas de paro en el mundo serían significativamente mayores.


Jose Carlos Díez

euronext

NYSE Euronext
NYSE Euronext, Inc. (NYSE: NYX, Euronext: NYX) es una corporación Americana/Europea con fines de lucro, que opera múltiples valores bursátiles, más notoriamente en el New York Stock Exchange (the "Big Board"), el Euronext, y el NYSE Arca.1
NYSE Euronext nació en 2007 de la fusión del NYSE (New York Stock Exchange) con Euronext.
Euronext era una gran bolsa de valores Europea, surgida de la fusión de las bolsas de París, Ámsterdam, Bruselas, Lisboa y Oporto y del LIFFE (London International Financial Futures and Options Exchange).
NYSE Euronext es actualmente la principal plaza financiera mundial.
[editar]Plazas

Las principales plazas bursátiles donde actúa NYSE Euronext son:
Bruselas, Bélgica — Euronext Bruselas
París, Francia — Euronext París
Ámsterdam, Países Bajos — Euronext Amsterdam
Lisboa, Portugal — Euronext Lisboa
Londres, Reino Unido — Euronext.LIFFE
Chicago, Estados Unidos de América — NYSE Arca (antiguamente Archipelago)
Nueva York, Estados Unidos de América — NYSE, Sede Central
San Francisco, Estados Unidos de América — NYSE Arca (antiguamente Pacific Exchange)
[editar]Referencias

↑ NYSE Euronext en Wikipedia en inglés
[editar]Enlace externo

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la derrota demócrata


Los restos de una estrellaEl autor cree que la derrota de los demócratas se debe a la situación económica y a la mayor movilización republicana
Subraya que, históricamente, los comicios legislativos han servido para ‘descubrir’ candidatos a la Casa Blanca
Las elecciones legislativas del siglo no han llegado a levantar un tsunami en las costas demócratas, pero sí un huracán de fuerza 5. La paliza en la Cámara de Representantes (los republicanos la dominan con al menos 240 escaños, han ganado 61, después de cuatro años enminoría) y el claro debacle en el Senado (los republicanos recuperan seis escaños, aunque no llegan a dominarlo), recuerdan el hundimiento republicano de noviembre del 2006. El ajuste de cuentas está servido.
¿Cuáles han sido las claves de la derrota demócrata? En mi opinión, la primera ha sido la indolencia frente al entusiasmo republicano. Cuando Obama, en una entrevista a Rolling Stones, prácticamente gritaba: «Despertad, demócratas. Hemos logrado una gran cantidad de cosas en las circunstancias más adversas que se puedan imaginar», estaba intentando movilizar a un electorado desconcertado y apático. Era el miedo a lo que podía pasar -de algún modo ha pasado- si se cumplía la encuesta del diario USA Today: el 63% de los votantes republicanos manifestaba su movilización para ir a votar frente a un 37% demócrata. Días antes, una seguidora afroamericana espetaba a Obama: «Estoy agotada de defenderle y desilusionada por su cambio». Todo un símbolo.
Por contraste, el entusiasmo republicano lo demuestra un solo dato. Kart Rove (el antiguo manitú de Bush), a través de su grupo American Crossroads, ha difundido decenas de millares de mensajes antidemócratas, ha enviado 50 millones de cartas para animar a los simpatizantes republicanos y ha activado 25 millones de llamadas telefónicas automáticas. Al entusiasmo se ha unido una discutible agresividad: Obama es un «infiltrado comunista»; Nancy Pelosi (portavoz de la Cámara de Representantes) es «Cruella de Vil», la malvada de la película 101 Dálmatas; y Harry Reid (líder demócrata en el Senado) es «Scooby Doo», el estúpido perro de los dibujos animados.
La segunda causa de la derrota demócrata ha sido la economía. La recuperación en EEUU tarda demasiado, persisten las malas cifras de empleo (10% de paro), la deuda pública se eleva a 13,6 billones de dólares y el déficit sube a 1,3 billones. Un pueblo acostumbrado al bienestar, convierte pronto una crisis económica en una crisis de confianza. Para los estadounidenses, los tiempos duros son particularmente duros. Las medidas anunciadas por el presidente Obama en su gira electoral (entre ellas, una imponente inversión de casi 60.000 millones de dólares en infraestructuras) no han sido capaces de eliminar el descontento.
En esta situación, la desbandada en su equipo económico (Peter Orszag, Christina Romer, Larry Summers y Herbert Allison, por ahora) ha sido llamativa. Lo cual se torna sorprendente si a ella se une la marcha de Rahm Emmanuel, la mano derecha del presidente y entusiasta defensor de las medidas económicas adoptadas, la del general James Jones, el anuncio de la próxima marcha del secretario de Defensa, Robert Gates, y la del gurú electoral David Axelrod (éste para preparar las presidenciales de 2012). Es como si las elecciones de medio mandato hubieran vaciado el núcleo duro de la Casa Blanca.
Estas fugas son manifestación del tercer factor que explica la derrota: el tremendo desgaste a que ha sido sometido el Gobierno: en sólo 20 meses la popularidad del presidente ha bajado en 20 puntos. Gallup acaba de publicar la historia de la aprobación de los presidentes desde Truman a Obama. La media de este último es 10 puntos menor (44%) que la media de los presidentes en el mismo periodo (53,6%). Ciertamente, no se presentaba Obama, pero pocos presidentes han estado tan presentes como él en unas elecciones de medio mandato. Tampoco la oposición las había planteado tan claramente como un referéndum sobre la Presidencia.
A estas causas podrían añadirse la llamada de los obispos norteamericanos a votar a los candidatos que con más contundencia defendieran la vida (que ha inclinado a un número apreciable de católicos por los republicanos), las presiones de los varios Tea Parties -movimientos populares, con un fuerte carga anti-establishment- en el día a día electoral, e incluso la fatalidad de la marea negra del Golfo de México.
¿Y la política exterior de Obama? Contra lo que pudiera creerse, ni Oriente Medio, ni la política con Europa, ni la situación en Irak o la guerra de Afganistán han estado demasiado presentes en las preocupaciones electorales. Ni siquiera la cascada de documentos secretos hechos públicos por WikiLeaks ha llamado demasiado la atención del estadounidense medio. Como decía The Washington Post, para ellos «la guerra de Irak y también estos documentos no son más que un recuerdo en un fantasma de un tiempo remoto».
En política suele decirse que tus admiradores son aquéllos a los que no les importaría que te cayeras a un pozo. Algo así parece haber sucedido con los demócratas y su líder. En las presidenciales, los admiradores que le llevaron al Despacho Oval -aparte, claro está, de los afroamericanos- fueron los jóvenes, las mujeres, los hispanos y, sobre todo, los independientes. Estos últimos, según Polster, son un 35% de los electores. La víspera electoral, Opinion Research Corporation, destacaba que un 52% de este segmento desaprobaba la gestión de Obama. Su voto se inclinaba por los republicanos en una proporción de dos a uno. Algo similar -aunque en menor medida- ha pasado con los jóvenes. En las presidenciales, un 15% tenía una opinión negativa de Obama; en las legislativas, esta cifra se ha doblado al 30%.
Las elecciones intermedias -a corto o a largo plazo- suelen descubrir candidatos a la Presidencia. Así, las de 1999 supusieron el nacimiento de una nueva dinastía republicana: los hermanos George W. y Jeb Bush; las de 1966 alumbraron como gobernador de California a Ronald Reagan; las de 1983 redescubrieron al gobernador de Arkansas Bill Clinton; y las de 2006 lanzaron a un joven afroamericano llamado Barack Obama.
¿Qué posibles candidatos a la Presidencia han descubierto estas de 2010? Entre los republicanos destaca Marco Rubio, un hispano de origen cubano, con 10 años en la Cámara de Representantes de Florida, moderado, abogado, con cuatro hijos y católico. Al nuevo senador ya se le jalea como posible candidato republicano a las presidenciales de 2012. Su figura recuerda vagamente al senador Santos de la serie El ala oeste de la Casa Blanca, que -siempre en la ficción televisiva- acaba como primer presidente hispano.
Sarah Palin, aunque no se ha presentado a las elecciones, ha sido la estrella de la Fox y del Tea Party, apoyando de este a oeste a los candidatos conservadores. En mi opinión, dudosamente sería presidenta, si estamos a su historial como candidata a la vicepresidencia. En fin, otro republicano moderado (Mark Kirk) le ha arrebatado al demócrata Giannoulias el escaño del Senado de Illinois que Barack Obama dejó vacante en 2008. La humillación para los demócratas se ha completado con la sustitución de Nancy Pelosy por el republicano John Boehner al frente de la Cámara de Representantes.
¿Significa todo esto que Obama es ya un cadáver político ? Depende. No voy a incidir en el manido tópico sobre los triunfos de Clinton o Reagan en las presidenciales, después de severas derrotas en las legislativas: ambos hicieron cosas bien distintas con idénticos resultados favorables. Pero no estoy seguro de que Obama sea presidente de un solo mandato. Veamos: ha cumplido entre un 60-70% de las promesas que hizo; en parte ha logrado neutralizar ese paquete de dinamita económica -con mecha ardiendo- que recibió de sus antecesores (Clinton incluido); su reforma sanitaria -aunque aguada- ha permitido mejorar los cuidados médicos de 32 millones de ciudadanos y, por ahora, no hay una clara alternativa republicana.
Dos años son una eternidad. Tanto para empeorar las cosas como para mejorarlas. Si alguno de ustedes es aficionado a la Astronomía y se asoma al Despacho Oval de la Casa Blanca -permítanme la broma-, no creo que vean solamente los restos de una estrella. Probablemente verán a un presidente intentando sacar de su chistera lo que los franceses llaman un coup d’éclat mediático, a lo chileno, que salve su Presidencia. Cuando a las 5:00 de la madrugada llamaba a los líderes republicanos para ofrecerles consenso, ya estaba en ello.


Rafael Navarro-Valls es catedrático, académico y autor del libro Entre la Casa Blanca y el Vaticano.