sábado, 16 de febrero de 2008

nominalismo, marxismo, feminismo



En última instancia, lo “nominalísticamente” decisivo no son los géneros, sino los individuos. Más allá del discurso de la igualdad o de la diferencia -que, según acabamos de comprobar, pudieran verse ambos afectados por ese exceso de respeto hacia los géneros bajo el que trasluce el realismo de los universales-, el de Celia Amorós propone un programa nominalista, programa que se reitera una vez y otra a lo largo de su libro: “La verdadera diferencia es la de los individuos, no la de los géneros”, “Creo que en realidad no se iguala ni por arriba ni por abajo. La condición de posibilidad de que la operación misma de igualar se plantee es que el punto de referencia ya no sea idéntico a sí mismo, que todo esté desplazado y trastocado. Presupone la crisis de los géneros y que la igualdad misma esté minada profundamente en lo que alguna vez pudo ser su univocidad”, “El feminismo aspira a un nominalismo radical, a una sociedad de individuos en que la diferenciación sexual no constituya géneros”, etc., todo lo cual concuerda con la aspiración de su racionalismo a “una razón, en fin, menos esencialista, más nominalista, más orientada al valor intrínseco de todo lo individual”. ¿Querrá decir lo mismo entonces “nominalismo” que individualismo?

En un cierto sentido la respuesta tendría que ser obviamente afirmativa. Y yo misma me he preguntado alguna vez por qué Celia Amorós prefiere hablar de nominalismo en lugar de hacerlo de “individualismo ético”. Después de todo, el individualismo ético vendría a sostener que no hay otros protagonistas morales que los individuos y que, por ende, sin individuos no habría ética posible.

No creo que Celia Amorós disintiera de este último aserto, pero le añadiría a buen seguro una apostilla en que para ella se cifra ni más ni menos que la razón de ser del feminismo: a saber, que sin feminismo tampoco podría haber auténticos “individuos” (por lo que a las mujeres concierne, cabría incluso decir que el feminismo está llamado a proporcionarles su conciencia de tales individuos y constituye -sociohistóricamente hablando- la condición de posibilidad de su “principio de individuación”; y en lo que concierne a los varones, sería cosa de pararse a pensar si la individualidad no está sometida a una especie de “ley de los vasos comunicantes” que impide a cualquier individuo alcanzar plenamente su estatura sin que a la vez lo hagan el resto de sus semejantes, incluido naturalmente ese cincuenta por ciento de la humanidad cuya lucha por el reconocimiento ético trata de articular el feminismo). Quizás el individualismo ético se precipite, por lo tanto, al dar por supuesto un individuo que espera todavía a ser construído. Y para su construcción resulta indispensable, desde luego, el concurso femenino.
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La cuestión del “nominalismo” para Celia Amorós vendría a representar el polo opuesto de cualquier reificación de la esencia de lo femenino. Pues pudiera ser que no todo feminismo se muestre reluctante a hablar de dicha “esencia”, esto es, de la feminidad.
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En la actual literatura feminista, el universo del discurso se divide por mitad entre el denominado “discurso de la diferencia” y el denominado “discurso de la igualdad”. Si no abiertamente esencialista, el de la diferencia es un discurso que insiste cuando menos en la reivindicación de valores característicamente femeninos, valores que, por lo demás, pudieran ser no tanto “esencialmente” femeninos cuanto serlo “existencialmente”, esto es, como el producto resultante de la experiencia de las mujeres a lo largo de la historia.

Ahora bien, el discurso de la diferencia admite a su vez una diversidad de formulaciones, de entre las que hace al caso destacar dos fundamentales: la de una radicalización de la diferencia que, en último extremo, llevaría a configurar aquel discurso como un discurso “autometabólico” y hasta “autofágico”; y la de una propuesta de universalización de la diferencia, propuesta que suscita la pregunta acerca de bajo qué condiciones sería posible considerar las elaboraciones de determinados datos de la experiencia histórica de la mujer como “valores universalizables”.
Por lo que se refiere al primer punto, Amelia Valcárcel -a quien Celia Amorós remite- ha puesto de relieve, a propósito de las tesis de Valérie Solanas, cuáles pudieran ser las consecuencias de un extremoso radicalismo diferencialista: Abogar maniqueísticamente por una sociedad exclusiva de mujeres liquidando al macho -lo que lleva consigo la destrucción de las condiciones de reproducción de esa misma sociedad, ¡tanto peor para la autoperpetuación como producto de la megalomanía machista!- es constituir el discurso de la diferencia como discurso de la liquidación al mismo tiempo que liquidar el discurso de la diferencia”.


Si no se desea regresar a la neutra indiferenciación del “estado inorgánico”, paradójica conclusión de un hincapié excesivo en la diferencialidad, no queda otra salida que someter la diferencia femenina a la prueba de la universalidad, pues “el discurso ético feminista o se universaliza o se pudre, y no precisamente para fecundar la tierra”.

Pero la propuesta de universalizar la diferencia tampoco se halla libre de paradojas para Celia Amorós: “Basta con representarse el espectáculo de una manifestación de mujeres reivindicando militantemente -y no veo cómo ello sería posible sin carga alguna de agresividad- los valores femeninos de la dulzura, la ternura y la emocionalidad”. En estas condiciones, se impone preguntarse “desde qué criterios determinar aquello que, del totum revolutum que constituye la subcultura femenina en la que consiste el ser social de la mujer, será promocionado al deber ser”.

Pero la pregunta misma vendría a resultar ociosa si se toma en serio la siguiente afirmación de Simone de Beauvoir: “En verdad, las mujeres no han opuesto jamás valores hembras a los valores machos. Esa división ha sido inventada por hombres deseosos de mantener las prerrogativas masculinas, que sólo han querido crear en él a la mujer; pero, más allá de toda especificación sexual, el existente busca su justificación en el movimiento de su trascendencia, y la misma sumisión de la mujer provee una prueba.

Lo que ellas reivindican hoy es ser reconocidas como existentes al mismo título que los hombres.”

Quien opine que afirmar tal no es sino aprobar al vencedor, podrá seguir pensando que “del mismo modo que los negros en determinado momento gritaron black is beautiful, las mujeres están autorizadas a reivindicar el serlo como una forma no menos digna y presentable en sociedad que cualquier otra de representar al ser humano que realmente existe.”
Pero si es el varón quien ha inventado las diferencias, empecinarse en su reivindicación no sería sino otro modo de aceptar las definiciones patriarcales, lo que lleva a Celia Amorós a formular esta advertencia:

“La reconciliación con nuestra propia diferencialidad es absolutamente necesaria en la medida en que ninguna lucha es posible ni nada podría ser construido desde la propia desvalorización, desde la depresión, producto de interiorizar la opresión del otro, el autoodio y la asunción como propia de la inferioridad que se nos atribuye.

Ahora bien, no nos hagamos demasiadas ilusiones acerca de que el discurso de la diferencia vaya a darnos mucho más juego. Aunque no hubiera otras razones para sospecharlo, el entusiasmo que los hombres suelen manifestar ante nuestras declaraciones de que ser mujer es hermoso debería, al menos, ponernos en guardia con respecto a su ambigüedad” A fin de cuentas, hay más de una forma de “aprobar al vencedor”, y una de ellas “consiste en aceptar sus definiciones de la cultura, los valores, la trascendencia y la universalidad, y exigir, sencillamente, que se nos apliquen en los mismos términos”.

Tendríamos así no ya la reivindicación de una diferenciación radical sino la de una no menos radical igualación -igualación que, extremadas de nuevo las posiciones, llegaría en Amelia Válcarcel a reivindicar para las mujeres “el derecho al mal”, es decir, la aceptación por parte de éstas, sin paliativos ni tapujos, del código moral de los varones, con su bien conocida carga de competitividad, rapacidad y brutalidad, igualándose “por abajo” más bien que “por arriba” en “un discurso moral feminista verdaderamente universal en el que nose pretende mostrar la excelencia, sino reclamar el derecho a no ser excelente”-, reducción al absurdo de la polémica entre los discursos diferencialista e igualitarista ante la que Celia Amorós no puede por menos de conceder:

“Ciertamente el varón es el portador y el definidor de la universalidad y un movimiento feminista con garra reivindicativa no puede dejar de tener presente como Amelia Válcarcel señala que por ese lado no hay más cera que la que arde y sacar las consecuencias prácticas oportunas”.

Ello no obstante y aun si el discurso de la igualdad ostenta la ventaja indudable de librarse de ambigüedades, no se ve libre de la complejidad impuesta por el hecho de que la política de tierra quemada practicada por todo sistema de dominación en crisis acaba “desvalorizando el terreno que cede”: el mismo mal se devaluaría cuando pudiesen practicarlo “todos por igual”. O dicho de otra manera cuando se pueda tener acceso a un privilegio “en condiciones de igualdad”, el privilegio habrá dejado de ser un “privilegio”. Lo que invita a meditar sobre si la igualdad “genérica” no será a la postre un objetivo tan inane como lo sería la “genérica” desigualdad o diferencia.
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En nuestros días por lo demás se ha llegado ya al cabo de la calle de que -como ha insistido Chantal Mouffe- tampoco hay armonía preestablecida entre la lucha por la transformación de la sociedad en un sentido socialista y las luchas de los “nuevos movimientos sociales”. El viejo “sujeto revolucionario privilegiado” -que, encarnado en el proletariado, tendría por misión histórica la redención de la sociedad- ha dado paso, comenzando por los representantes de la clase obrera, a una pluriforme articulación individual de diferentes “posiciones de sujeto”.

Una mujer podrá así ser trabajadora (y explotada por su patrón) y madre de familia (y oprimida por su marido), hallarse inscrita o no en un sindicato o un partido político y militar o no en un grupo feminista, o ecologista, o pacifista (además de pertenecer a una asociación de vecinos, una comunidad religiosa o un centro cultural), etcétera. El problema estribaría en saber si la pluralidad de posiciones de sujeto con potencialidades revolucionarias -en que el sujeto revolucionario se ha pulverizado- son “una mera yuxtaposición amorfa” o una dirección común, que -en el caso concreto de las mujeres- fuera a un tiempo anticapitalista y antipatriarcal.
Para Celia Amorós -más voluntarista en el fondo que optimista-, habría ahí una razón de cierto peso para no acabar de sepultar al un tanto oxidado “punto de vista de la totalidad” en el baúl de los juguetes rotos del marxismo.

Pero no todos los juguetes rotos del marxismo merecerían de su parte idéntica indulgencia. Y para terminar citaré sólo el de la convergencia entre feminismo y ecologismo, tal y como, con el marxismo de trasfondo, juega a él Wolfgang Harich. El juguete de marras -decididamente herrumbroso- es la escatología marxista de costumbre, disfrazada esta vez de promesa de salvación ante los catastróficos agüeros ecológicos de la presente crisis civilizatoria.Y pese a su condición de jugador experto y avezado no se puede decir que las jugadas del un día discípulo de Bloch pequen de afortunadas, si es que no pecan de tramposas.

La trampa si cabe hablar en esos términos reside en el intento de halagar a sus potenciales aliadas mediante la invocación soteriológica, como si de una dea ex machina se tratase, de “la mujer” que, qua naturaleza, estaría destinada a salvar a la naturaleza, correspondiéndole a “lo eterno femenino” nada menos que la misión histórica de personificar el relevo civilizatorio. Tras de cuanto llevamos visto, sabemos bien que Celia Amorós no es el tipo de feminista más propicia para dejarse seducir por esa clase de halagos, capaces de conjurar de una tacada los peores usos de la dicotomía naturaleza-cultura y los peores desusos del feminismo radical y de la diferencia.
Pero como esta vez nos las habemos con un varón filósofo no me resisto a transcribir en su integridad la irónica respuesta que suscitan en ella los tejos filosóficos de Harich: “Es curioso que teóricos marxistas, críticos de las insuficiencias y de los aspectos más decepcionantes de las realizaciones del llamado socialismo real, proyecten ahora en los valores y cualidades específicamente femeninos las expectativas soteriológicas en relación a las cuales la clase obrera parece haberles defraudado...

Pero si los eventuales elementos soteriológicos y escatológicos del marxismo son justamente lo más caduco y lo más desacreditado, por favor ¡que no se lo endosen ahora al feminismo! (Los faraones y los escribas egipcios con su mitología de la diosa Isis eran según eso, vaya, feministas avant la lettre...) Ya está bien de vocación masoquista de la mujer y de heredar bancarrotas... Ya es hora seguramente de que se ponga en cuestión toda la filosofía de la historia soteriológicamente inspirada y fundamentada en supuestos tributarios de un problemático realismo de los universales (el proletariado, la feminidad), de que empecemos a pensar que, si no la salvación, al menos el adecuado encarrilamiento está en orientarnos hacia un sano nominalismo”.

La defensa filosófica de la causa feminista se encuentra como podemos ver en buenas manos. En un país como el nuestro en que asistimos a una incipiente institucionalización de los women's studies, el palurdo académico de turno siempre podrá menospreciarlos zafiamente como “cosas de mujeres”.

Y las propias filósofas feministas podrían también abandonarse a un cierto masoquismo residual que les lleve a pensar que algo anda mal en la filosofía patria -cuya salud que todo hay que decirlo tampoco es rozagante- para que les sea dado implantar en ella sus reales con el vigor que lo está haciendo. A tenor de lo dicho más arriba acerca de la política patriarcal de tiera quemada darían en creer que la desvalorización del terreno filosófico ha de acompañar -con la férrea necesidad de una “ley sociológica” (pero ojo que la “necesidad” de las leyes sociológicas nunca es “férrea”) a su creciente ocuación por las mujeres.

Por lo que a mí respecta, pienso que el caso de Celia Amorós -que no es el único, aun cuando todas las feministas filósofas le reconozcan su indiscutible magisterio- opone un buen mentís a semejante ley, si es que se trata de una ley. Desde una cortés distancia hacia el otro género y desde una tan agradable fe de la mujer hacia ella misma, una no puede contemplar sino con la más viva simpatía el actual auge entre nosotros del “feminismo filosófico”.

Su causa como queda sobradamente demostrada en la causa de la razón.

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andrómeda

viernes, 15 de febrero de 2008

del amor



~lo dijo andrómeda a vagabunda:

El amor tan sólo sería compatible con la locura de amor, "el amor es 'fou' o es ni fú ni fá", como dice Celia amorós, parece suficiente prueba de su altruismo, anteponemos los intereses de la persona amada a los nuestros propios.

La concepción del respeto, la asunción como propios en nuestro plan de vida de los fines del otro. Someter la restricción de no herir, transigir... todo eso me parece es el sentimiento del amor.

un besito
y ..
UNA FANTASIA DE AMOR
En cualquier parte aparece tu recuerdo,
Triste fantasma condenado a ser olvido
Y de tanto en tanto pugno contigo,
Por dejarte atrás y creer que ya soy cuerda
Bella locura , cruel cárcel de amor,
Aún me aprisiona , esclavizándome las emociones
Y por más que intento contener bajas pasiones
No borro el sexo muerto, ni a la marchita flor.

jueves, 14 de febrero de 2008

del destierro



lo dijo andrómeda


Y es que, como dijo el poeta: “De todo me arrancaron / me dejan el destierro”.


Creo que todos venimos de algún destierro. La condición de destierro sería como nuestra mejor seña de identidad.




Otro poeta desterrado, Juan Rejano, nos dijo: "Vivir de ausencia es ya sobrevivir" y en otros magníficos versos nos contaba:


Dicen que al morir le hallaron
a España dentro del pecho.


La también desterrada, Concha Méndez, escribía.


Nos movió el mismo dolor...,
la misma espina clavada...,
la misma fuerza de amor...
Tú en tu tierra, desterrada,
yo en mi destierro mayor,
un cantar son nuestras vidas
-canto entre queja y clamor-.


Y el poeta malagueño José Moreno Villa nos dijo:


Lo malo de morir en tierra ajena
es que mueres en otro, no en ti mismo.
Te morirás prestado.


Gracias por tu comentario.


Un saludo cordial.
lo dijo andrómeda:

El resentimiento que es el odio no es sino la otra cara del perdón, esto que parece un sentimiento propio del exilado, del desterrado de su patria o de su casa y es condenado a vagar por tierras extrañas, realmente ¿quién no ha sido exilado alguna vez, quién no ha vivido fuera de su patria o su hogar o de alguna playa a la que nos habíamos entregado, para darse cuenta de esto? El rencor es muy malo y los que son psiquiatras lo saben, es muy negativo, normalmente las personas que alentan el rencor envejecen muy rápido.

la falacia naturalista y éticas teleológicas



La impronta de Kant en el siglo XX no tuvo lugar sólo a través de Habermas o Rawls, sino de un modo particular y particularmente nocivo a través de G. E. Moore con su insistencia en la autonomía de la ética respecto a la naturaleza, deseos humanos, etc. acusando implacablemente a quienes intentaban el paso prohibido de incurrir en la supuesta falacia lógica que él denominó “naturalista”.
Sólo basándose en una epistemología muy ingenua es posible postular un mundo de hechos como diferente al mundo de valores. Como Searle y Frankena entre otros demostraron con inteligencia, la propia falacia naturalista de Moore no es sino una falacia, debido a una mala comprensión del modo en que opera el lenguaje valorativo.
Ha sido una de las más importantes representantes de las éticas de las virtudes precisamente, Philippa Foot, quien ha explicado de forma acertada, inteligible y convincente la relación que existe entre los términos que utilizamos en nuestras valoraciones morales y los hechos de la vida cotidiana, al tiempo que ha resaltado que todas nuestras valoraciones, incluso las no morales, penden de hechos a los que nos referimos cuando recomendamos, elogiamos o repudiamos alguna conducta o persona. La estrategia de Philippa Foot es proceder al análisis de términos valorativos que empleamos para referirnos a virtudes puramente prudenciales, o términos con los que indicamos nuestra valoración de determinadas situaciones.
Es ya un lugar común considerar que Hume en su Tratado de la naturaleza humana fue el antecesor de Moore en su denuncia de la falacia naturalista como ya he indicado a causa de su famoso pasaje del es-debe (Is Ought passage) donde se critica el tránsito de lo que es, más allá de los conocimientos humanos, a lo que debe ser que para Hume depende de nuestros sentimientos universales de empatía, mediados por el punto de vista del espectador imparcial.
La valoración de la denuncia de la falacia naturalista por parte de Moore no puede ser por tanto ni enteramente positiva ni del todo negativa.
En más de un sentido es inteligente y sagaz con su crítica a la ingenuidad naturalista de quienes confunden lo que se puede hacer con lo que se debiera hacer pero sus críticas al hedonismo no son excesivamente acertadas y adolecen en general de un platonismo anacrónico que quiere ver detrás de cada palabra un referente natural o no natural, olvidando de que los términos no aluden necesariamente a objetos sino muchas veces o casi siempre a relaciones sujeto/objeto.
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La polémica más popular en el ámbito de la ética normativa es la que tiene lugar entre las corrientes teleológicas y deontológicas, al parecer arrinconadas las vetustas disputas entre éticas formales o materiales, éticas de bienes y de valores, nomenclatura que ha caído en desuso.
En un sentido amplio toda ética que se encuentre debidamente inmunizada y saneada de elementos espúreos y ajenos a la filosofía está llamada a ser una ética teleológica o, por lo menos, una ética consecuencialista (una variedad contemporánea del teleologismo ético clásico) que toma al ser humano, su bienestar y su desarrollo como fin o meta, y que, por supuesto, presta consideración a las consecuencias globales que se derivan de las acciones.
Algunos autores de nuestro entorno, como José Ferrater Mora, Quintanilla o Mosterín, se han declarado partidarios de las éticas teleológicas.


Andrómeda

miércoles, 13 de febrero de 2008

Romanticismo y modernidad



lo dijo Andrómeda


Queridos amigos:
intentaré constestar por pasos.

A Clitemnestra, Pasolosdías, Aura etérea, y Luis Alfonso, que preferís o elegís cierto aspecto irracional, al parecer, pero que a mi modo de ver no lo sería tanto, dependiendo de una crítica racional.

A Daven que prefiere mantenerse del lado de la conciencia, y asumir como parte de esa motivación, la de las "estructuras" condicionantes, vamos a decirlo así.

Hablas de la Ilustración versus romanticismo, mientras que Luis alfonso apunta más a un lado espiritual -llámese religioso o no del budismo-, para mí o se asume toda la realidad o bien estamos en una realidad a forfait.

Todas estas corrientes en sí no están libres de contradicciones.

Yo no creo que el proyecto de la razón de la Ilustración se frustrara por culpa del Romanticismo, es más la Ilustración sin la "herencia romántica" ya le dije sería un mero o vulgar positivismo.

El peligro de frustración de este proyecto vino sobre todo con la postmodernidad y con los postmodernos, Lyotard, Rorty, llámense, que fueron los que criticaron más directamente el papel de la razón.

El Romanticismo más bien viene a cubrir la añoranza de la religión precisamente que fue destruida por la razón ilustrada, aún así no la ataca directamente sino que viene a llenar una oquedad que deja.

La añoranza de la religión que indujo un día a hablar de una ilustración insatisfecha no podría ser acallada, en cualquier caso, por la satisfecha autocomplacencia de una sociedad desilustrada.
Por lo que podemos también preguntarnos: si la capacidad de integración social de la tradición religiosa, que la Ilustración sacudió e hizo estremecer, no podría encontrar alguna equivalencia en el poder de unificar y generar consenso de la razón.

La autoconciencia de la modernidad discurre vertebrada en torno a figuras que se han mostrado preocupada por el mundo que perdimos.

Creo que debemos asumir el proyecto de la modernidad, estimado señor Daven, como habla Habermas, como una "proyecto -todavía- inconcluso". Y no como hablan sus oponentes que se trata de un proyecto que no hay que completar sino que hay que revisarlo. Mas una revisión de tal proyecto sería al margen de la razón.

Pero Habermas se enfrenta a los que en vez de reemplazar una "razón excluyente" por una "razón comprehensiva" tratan de oponerla a lo "otro de la razón".

Y aquí también quiero contestar al resto de los comentarios, a Otredad, y Atenea.
"Lo otro de la razón" vendría a ser la naturaleza, el cuerpo humano, la fantasía, el deseo, los sentimientos o, mejor dicho, “todo eso en tanto en cuanto la razón carece del poder de anexionárselo”.

Pero Habermas -para quien en sus diversas configuraciones a lo largo de la historia la razón puede y debe ser criticada desde la perspectiva de lo otro que ella misma- apunta que semejante crítica no dejaría, en última instancia, de ser una crítica racional.

Por tanto, llevemos la razón hasta sus extremos de la crítica y no acabemos con el proyecto de la Ilustración tampoco.

Realmente el comentario del señor Daven es el que tiene más enjundia y no por conceptualismos sino porque volvemos a la historia de las ideas y de la razón y porque me toca usted otra vez al señor Platón.

La razón que otro tiempo igualaba a los hombres -si no de hecho, al menos sí en principio- comenzó a dividirlos, sacudida por toda clase de inclinaciones e intereses.

Calicles pudo aducir, así, que la moral no es otra cosa que un invento de los débiles para contrarrestar la hegemonía de los poderosos.

No es de extrañar que en medio de esta descorazonadora situación, el mensaje de Platón se alzase en lontananza como un augurio de restauración de la razón, una y la misma para todos y garante de unos valores en los cuales cupiese confíar aun cuando acaso no cupiese alcanzarlos.

¿Por qué no habla de Hegel o de Nietzsche o de horkheimer o de Marx entre los filósofos ideólogos de una razón como representación de voluntad de poder, y de un sistema igualitario?


No creo que toda la culpa la tenga Platón.

Y comprendo también sus razones como yo no abrazaría tampoco la necesidad del platonismo, mas no pude plenamente porque, en última instancia, el error, la fealdad y el mismo mal siempre me parecieron menos inhumanos que las ideas de verdad, belleza o bien.

El proyecto de la razón más ambicioso que el hombre haya soñado nunca acometer es, como sabes, el de la instauración de una sociedad sin clases.

Y sólo en una sociedad así tendría sentido hablar de esa razón patrimonio de todos.

En cuanto a las religiones, y me dirijo a Luis Alfonso, quisiera añadir que para identificarse con una doctrina venida de lejos, habría que adoptarla sin restricciones: ¿Cómo se compagina consentir en las verdades del budismo y rechazar la trasmigración, base misma de la idea de renunciamiento? ¿Y suscribir a los Vedas, aceptar la concepción de la irrealidad de las cosas y comportarse como si existieran? Inconsecuencia inevitable para todo espíritu educado en el culto de los fenómenos.

La sonrisa de Buda, esa sonrisa que flota sobre el mundo, no ilumina nuestros rostros. A lo máximo concebimos la dicha, y las religiones de la revelación se recrean demasiado en el dolor como para poder adoptarlas de buen grado, como retoños de una tradición masoquista.
Por último he de añadir que la pretensión de universalidad no implica una sociedad de comunicación como un totalitarismo igualitario, en cuanto esta no está consumada en sí misma, sino que siempre debe estar abierta al diálogo.

Y que la oportunidad del disenso mas que del consenso es lo que mide la verdadera progresividad de una democracia.

Hay otros temas que quedan pululando, el problema lingüístico y decir algo sobre Pavlov, todavía, intentaré contestarlo en otro comentario.

Mientras tanto quedáis con mi mayor estima. Un abrazo.


lo dijo Daven

Estimada señorita:

Habla en serio del romanticismo como una vuelta a la Religión. Está usted hablando con Lord Gordon Byron y no ha habido Dios del que no me haya reído, blasfemado y enseñado la posaderas. Si le escuchara mi amigo Shelley, cuantas chanzas sobre monjas y curas inventamos en Italia.

La Religión y su actividad de cohesión. Ya veo por donde va. Allá usted con su neo-paganismo. La religión ha de ser superada, es su fatalidad. No convence a la razón, no hay razón ni evidencia necesaria para prescribir un Dios. Toda la física cuántica y los modelos cosmologicos apoyan tal aserto. ¿Es pues, necesario, a efectos sociales?. Nos estamos insultando pues, somos deficientes mentales. ¿Necesitamos esa muleta y esos sacerdotes que viven de promesas falsas para vivir mejor?. Ya me sé ese cuento.

La única religión sin protagonismo deísta es el taoísmo. Por eso mismo es la más inatacable y la más seductora, en mi opinión. Alcanza todo y lo deja todo intacto, promueve la no-acción como forma de gobierno. Promueve la consciencia dialéctica.

Así que le dejo aquí mis calzoncillos sucios, delante del altar de Buda y que me tire un rayo en la cabeza o me llene de Karma malo, a mi me da lo mismo.

Soy ateo, y si alguien es más ateo que yo, quiero conocerle para aprender de él.
Se despide cortésmente de usted y de este tugurio con olor a incienso y cirio rancio.

Lord Gordon Byron, socialiste

lo dijo Almudena
Mañana os contesto a todos, si eso.
Besos


En el sentido que hablas de lógica lingüística, tal como lo hace Wittgenstein, creo que esa distinción es la misma que cabe efectúar entre argumentos de poder y argumentos de validez.
Los argumentos de validez son los que responden a las mismas reglas lingüísticas, y asegurar las condiciones de la validez de estas reglas significa que estamos dentro de un proceso argumentativo, y que ello también implica un elemento de incondicionalidad. Veracidad de la pretensión, verdad del contenido asertivo, validez de la norma, corrección del proceso, inteligibilidad de los comunicantes.
Tal elemento argumentativo es más importante a veces que el contenido descriptivo de la realidad en cuanto tal, porque lo que importa parece ser es la capacidad de entendernos y todo lo que podemos expresar con el lenguaje.
No obstante está también la distinción entre un consenso fáctico o “convención” y un “consenso racional” o contrafáctico.
Es decir, las reglas lingüisticas no sólo nos permiten expresarnos sino que también nos permitirían "criticar" las propias reglas del lenguaje, y abordar una crítica racional de las instituciones existentes dentro de dicha comunidad y dicho contexto.
Y esto es lo verdaderamente relevante de este aspecto lingüístico, su aspecto institucional.
Otra cosa es la realidad fáctica, y las cuestiones sobre el poder, pero sobre esto mejor hablamos en otra ocasión.

Quede suya, Andrómeda.

lo dijo Andrómeda a Daven

Abocados a formas degradadas de sabiduría, enfermos de duración (dureé), en lucha con esa tara que nos repele tanto como nos seduce, en lucha con el tiempo, estamos constituidos de elementos todos los cuales concurren en hacer de nosotros rebeldes divididos entre una mística llamada que no tiene ningún lazo con la historia y un sueño sanguinario que es su símbolo y su nimbo.
Si tuviéramos un mundo nuestro, ¡poco importaría que fuese el de la piedad o el de la risotada! nunca lo tendremos, ya que nuestra posición en la existencia se sitúa en el cruce de nuestras súplicas y de nuestros sarcasmos, zona de impureza en la que se mezclan suspiros y provocaciones.

Estoy citando a Cioran, creo que de la mística escojo la parte de la risotada de buda y de lo ateo escojo la parte de la no-acción que me parece la afirmación de la realidad racional contrafáctica.

Andrómeda, agnóstica, ex-tempore y griega.


El romanticismo viene a llenar el hueco que ha dejado la religión: no quiere decir que vaya otra vez a traerla, la intepretación que se hace de mi texto no debe ser ésa. Una no implica la otra, pero sí el mundo de los sentimientos, de la naturaleza, el romanticismo es más bien una vuelta a los valores clásicos y griegos.

Yo no tengo ninguna añoranza por la religión y que ésta venga a cubrir un hueco que no pudiera cubrir la razón.

No, me gustaría aclarar esto.

Otra cosa es cuando en otro momento hablé de los universos simbólicos de legitimación y de la infuencia de las religiones monoteístas en la cultura occidental y en la burocracia para crear esta realidad de universalidad que después va a ser sustituida en la Ilustración por el proyecto de la razón como patrimonio universal del hombre.
Esto es lo que quisiera aclarar para no volver a ser malinterpretada, pues usted con su mente poliédrica también le gusta sacar del discurso toda clase de sustancia.
Desde luego espero que esta idea no le parezca una barbaridad, pues está aceptada así por los historiadores de la modernidad.

Sinceramente de usted.

lunes, 11 de febrero de 2008

la relación entre madres e hijas



lo dijo Pasolosdiasesperanzado


Ojalá llegue un día en que debates así sean historia. Los límites superados, los malentendidos ya imposibles por la claridad de que es un hecho además de un derecho.
¿Llegaremos a verlo, nosotros?
El progreso avanza a paso de tortuga -aunque hace siglos iba a paso de caracol.

Saludos reverentes.

lo dijo otredad

"Así ciertas mujeres alemanas, inglesas o americanas pueden, por ejemplo, reivindicar la igualdad en la posesión de bienes y marcarlos con su género"
Nunca había reparado en ello, y muy al contrario del feminismo que parezca defender tu post, me parece excelente que reclames una auténtica igualdad, la que nos incluya desde partes distintas de igual tamaño e importancia.

Ante todo somos humanos, sí, y como dice Pasolosdías, ojalá llegue el momento en que no sean necesarios estos "debates".

Un abrazo

Lo dijo andrómeda:

Hola Pasolosdias:

Hoy he estado viendo una película de Almodóvar, Tacones lejanos, y esta es una de las primeras que él hace en que vierte algo de la relación de amor y odio tan fuerte que existe entre madres e hijas.
Sin embargo este mundo afectivo entre mujeres está muy mal entendido.
En cambio cuando se trata de la relación entre padre e hijo todo está representado y protegido por el poder institucional y existe un amor más noble y una serie de lazos culturales y de parentesco que definen lo que se llama la genealogía patriarcal. Estos lazos amorosos entre el padre y el hijo están autorreferenciados a través de la cultura humana, tienen un gran valor, aunque no están exentos de conflictos dentro de ellos pero existen medios pacíficos de arreglo y solución.
Todo esto es de lo que está falta la mujer de crear, ella cree en su independencia pero no tiene un poder afectivo que la defina consigo misma y con relación a la madre está negada, tendrán que pasar generaciones.
Lo que digo puede parecer exagerado pero alguien debe tomar conciencia.

Hola Otredad:

Ya sé que vuelvo a este tema. Y mucho de lo que hay no es una identidad nuestra querida sino la que es querida por otros, por los sistemas de intercambios, y en tanto somos en esencia equivalentes y humanos, tampoco hay que buscar una diferencia en todo. Pero en estas referencias, en torno a la representación subjetiva y de la autoafección sí creo que debemos avanzar si queremos terminar con el maltrato, y hay lagunas pendientes.
Hoy se vende a través de la imagen también el lenguaje y todo, y no es cosa secundaria. Son medios de producción como pueden ser otros. Por tanto hay que tratar con ellos.
Hablo de la representación del cuerpo propio y de los afectos humanos. Tema del que poco he sacado en positivo. Y que siempre permanece inculto. Y que lo resolvemos casi por omisión siempre. Es decir como si no existiera, para ellos no tiene valor o si lo tiene es secundario. No quiero personalizar en nadie.
Para ellos solo tendría valor en tanto afecta a la genealogía masculina, al problema que hablaba al principio de generación y de valor institucional y social. Aquí es donde está el verdadero conflicto afectivo en el hombre.

Y la mujer no ha sabido entrar de lleno aquí, antes lo hacía por el matrimonio y ahora que se han liberalizado las relaciones ella queda como algo que tiene un valor secundario. Sólo en las relacioens entre madres e hijas se podría encontrar un valor de autorreferencia para ella misma.
Gracias por escucharme, si hay cosas que no me explico bien o soy malentendida, dímelo.

Un gran beso para los dos!

domingo, 10 de febrero de 2008

la autorrepresentación del afecto y el cuerpo




lo dijo Andrómeda



Estimada Ifigenia:



La creencia de que haya universos que programan eterna y universalmente los significados para todas, todos y todo, eso es a lo que yo no me puedo adherir.



Yo deseo también que que la cultura del sujeto evolucione, sobre todo en función de mi lengua y hacia una cultura de sujeto sexuado.



En cuanto al siguiente tema sobre el intercambio y posesión de bienes y a las relaciones entre sujeto y objeto me voy a ir refiriendo también a continuación y así contesto.



Estimada Zarza:



Es cierto que hemos heredado lastres o bases sedimentadas en la cultura. Sobre todo en la morfología del propio cuerpo de la mujer, ahí es donde creo que debemos insistir ahora, en la forma de autorrepresentación del cuerpo femenino y del afecto en la mujer, pues no cabe duda que se ha abusado en ello, de ahí también las cosas más grave que están sucediendo hoy día en cuanto al abuso y mal trato. Mucho sobre ello también tiene que decir el sistema de intercambio de bienes y objetos entre hombres.



Estimado Wnefron: decir que el hombre lo es en defecto de no ser mujer, creo que sería sólo una espiral perversa, a la que no me extrañaría que llegáramos.



Estimado Cyrano:



El tema de los derechos civiles y sociales no es el tema específico que yo quería traer hoy aquí, no obstante está enlazado con él a través del problema de la referencia lingüística del género, y como son sexuados los bienes a través del objeto o bien del género del poseedor.



En este caso ser poseedor de los bienes de intercambio da un poder, y hoy día ya tenemos mujeres empresarias o capitalistas también, no obstante el mundo simbólico y de representación juega un papel importantísimo a la hora de introducirse en la sociedad, y a través de los medios de publicidad.



Es cierto que las leyes están hechas de un modo, que guardan por vigilar la leal y libre competencia, los criterios de oportunidad y méritos, los derechos sociales y laborales, pero aún así el mundo legislativo a veces está a años luz del mundo real, que en muchos casos enlaza aquí con el mundo de la inmigración y de la explotación.



Vuelvo a decirle lo mismo de siempre, usted se engaña si todo lo ve de color de rosa. Precisamente en la base de todo lo que usted me dice está la forma de tratar al sujeto como si fuera un medio o un objeto de mercancía, es decir, en todo lo contrario que yo supongo. Por mucho que se diga "competitividad de subjetividades", eso no quiere decir nada.



La dedicación profesional forma parte de la identidad de los sujetos pero esta se define también en base a otras realidades. Evidentemente, se trata de alcanzar un estatuto profesional, de tener un puesto de trabajo, pero esto es algo que no se puede poseer como cualquier otro objeto.
Para tal liberación la lengua representa un instrumento de producción indispensable. Debo hacerla evolucionar si quiero tener derechos subjetivos equivalentes, si quiero intercambiar lenguajes y objetos.



Quiero agradecer a todos vuestra presencia, un beso!



lo dijo andrómeda olvidadiza



A Pilar con todo mi cariño, como madre y mujer.

lo dijo Daven

Estimado anfitrión:
Es natural en el cuerpo femenino que las mamas pierdan firmeza y los pezones caigan debido al desgaste de los mecanismos de sujección, extremadamente relevante si ha habido periodos de lactancia.
Sin embargo nada de eso le resta belleza y hermosura a un cuerpo desnudo de mujer. Puesto en que toda sublimación subyace una retención fantasiosa, una elección involuntaria, le invito amablemente a descubrir los desnudos maduros de los maestros Leonardo da Vinci, Albrecht Dürer, Rembrant o Ingres.
Compruebe por sí mismo que el envejecimiento es un proceso hermoso, una maduración y un desgaste necesario. La vida es una puerta que se cierra y la muerte una puerta que se abre. Y todo aquello que es necesario no debe ser obviado ni despreciado.
A despecho de los iconos del marketing de champús de ducha y cremas hidratantes, la figura humana es treméndamente bella incluso en su deformidad. Todo en ella respira simpatía. Se lo dice un dibujante.
Queda suyo, agradecido por la estancia
Lord Gordon Byron, socialiste
P.D.: Y la gente es más sabia que los directores de Marketing, y más feliz con su propio cuerpo.




~


Lo dijo Andrómeda a Rafael:

Gracias, Rafael, por comentar, la verdad es que tienes razón, estoy creando un malentendido o intento usar un cierto lenguaje, y a veces lo que hago es oscurecerlo más.
El hecho de decir que "ser mujer equivale a no ser hombre", se puede interpretar con doblez de fondo.

"Y tanto" se me dice, incluso se me ha dicho "y ¿por qué no lo contrario?".
Es un juego retórico más bien que quiere decir, que la mujer no tiene una referencia propia para definirse a ella misma. Para representarse a ella misma. Y tiene que hacerlo a través de lo que el hombre quiere o siempre ha querido de ella.
Pero ello no quiere decir que la mujer deba responder siempre a lo contrario del hombre, en muchos casos nos definimos con equivalentes derechos y en esencia somos humanos ante todo.
El lenguaje puede ser un medio para evolucionar, por tanto no lo descartemos, y también el mundo de los afectos compartidos.
Y no me interpretes mal, yo veo que tú tienes mucha imaginación como para poder crear tus propios valores de afirmación.
Un cordial saludo!