jueves 23 de abril de 2009

Caspar David Friedrich

Caspar David Friedrich


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Caspar David Friedrich

Autorretrato de Caspar David Friedrich
Nacimiento5 de septiembre de 1774
Greifswald, Alemania
Fallecimiento7 de mayo de 1840 (65)
Dresde, Alemania
NacionalidadAlemana
MovimientoRomanticismo
Obras destacadasEl caminante sobre el mar de nubes (1818), El árbol de los cuervos (1822)

Caspar David Friedrich (* 5 de septiembre de 1774 en Greifswald; † 7 de mayo de 1840 en Dresde) fue el principal representante de la pintura romántica alemana, junto a Philipp Otto Runge, siendo la más destacada en el ámbito del paisajismo.









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Biografía [editar]



Primeros años (1774-1800) [editar]


Caspar David Friedrich era el sexto de los nueve hijos de Adolf Gottlieb Friedrich, un fabricante de velas y jabones de Greifswald, y su esposa Sophie Dorothea Friedrich, de soltera Bechly. Greifswald pertenecía, como toda la Nueva Pomerania Anterior y desde la guerra de los Treinta Años a la corona sueca. Ambos progenitores procedían de la ciudad de Neubrandenburg, en la actual Mecklemburgo-Pomerania Occidental, que Friedrich visitó en varias ocasiones.


Caminante ante un mar de niebla (1817-1818)


Fue educado según la confesión protestante de su familia. Varios fallecimientos ocurridos en su familia a lo largo de su infancia le indujeron a que se ocupase intensamente en el tema de la muerte. Así, en 1781 murió su madre; al año siguiente, su hermana Elisabeth de viruela; en 1787 su hermano Johann Christoffer, ahogado al intentar salvar al propio Caspar que se había hundido en el hielo, lo que le conmovió tanto por su corta edad, 7 años, como por creerse culpable de tal suceso; y, finalmente, su hermana María en 1791 por tifus.


Hacia 1790, cuando tenía 16 años, y quizá ya en 1788, recibió clases de Johann Gottfried Quistrop, profesor de Dibujo de la Universidad de Greifswald, quien probablemente le transfirió su entusiasmo por el paisaje de su tierra natal.


Entre 1794 y 1798 estudió en la Academia Real de Bellas Artes de Copenhague, fundada en 1754 según el modelo francés y considerada por entonces una de las Academias más modernas. Allí fue alumno de Nicolai Abildgaard y, sobre todo, de August Lorentzen y Jens Juel, uno de los pintores daneses más importantes del siglo XVIII. Pintó vaciados de yeso de esculturas clásicas, formándose más como dibujante que como pintor.


En 1798 regresó a Greifswald, renovando su amistad con el poeta y patriota «demagogo» Ernst Moritz Arndt, y en el otoño del mismo año se trasladó a Dresde, el centro del movimiento romántico alemán, donde acabó de formarse.


En Dresde vivió como pintor y mantuvo su residencia hasta su muerte. Frecuentó sobre todo al pintor y diseñador Philipp Otto Runge, formado como él en la Academia de Copenhague, y a los escritores y poetas Ludwig Tieck y Novalis, formando con ellos el centro literario-artístico del romanticismo alemán. Fue Friedrich un pintor-filósofo, que contaba entre sus amistades no sólo con pintores (Runge, Dahl, Kersting, Kügelgen, Ferdinand Hartmann, y Louise Seidler), sino también con escultores (Christian Gottlieb Kühn), poetas (Tieck, Heinrich von Kleist), el filósofo y naturalista Gotthilf Heinrich Schubert.


En 1799 expuso por primera vez su obra, dibujos de paisajes, en la Academia de Bellas Artes de Dresde.



Años de formación (1801-1814) [editar]


Se cree que el intento de suicidio del que hablan sus contemporáneos se produjo en torno a 1801-1802. Pasó los meses primaverales de 1801 en Neubradenburgo y Greifswald, y en el verano marchó a la isla de Rügen; regresó a la zona en mayo de 1802. En estos viajes fue reuniendo toda una colección de esbozos, con paisajes e imágenes sobre los que volvería más tarde una y otra vez. Friedrich conoció a Runge en Greifswald en 1801-1802; en los años siguientes siguieron relacionándose por carta, viéndose en persona de manera ocasional, pero sin que pueda llegar a hablarse de una amistad íntima.


Su primer éxito data de 1805, cuando obtuvo un premio compartido en un concurso artístico organizado por Goethe en Weimar, gracias a dos paisajes dibujados en tinta sepia.


El año 1806 empezó con un viaje a Greifswald y una marcha por la Isla de Rügen. Es el año en el que Napoleón ocupó la mayoría de los territorios alemanes.


Caspar David Friedrich: Retablo Tetscher, Escena: «Das Kreuz im Gebirge», óleo sobre lienzo, 115 cm × 110.5 cm, Gemäldegalerie de Dresde.


En estos años de las guerras Napoleónicas se acentúa su postura política antifrancesa. Sus convicciones políticas defendían la libertad de opinión y una mayor participación de la clase media en las decisiones políticas. La batalla de Jena y la de Auerstädt en octubre de 1806 significaron el derrumbamiento de la vieja Prusia y Sajonia, permitiendo que Napoleón Bonaparte y sus tropas entrasen triunfalmente en Berlín. Se creó entonces la Confederación del Rin, asociación de Estados alemanes aliados de Napoleón.


En 1808 pintó su primera gran pintura al óleo: La cruz en la montaña (El retablo de Tetschen). El cuadro era poco habitual y desató una fuerte polémica. No obstante, en este cuadro se basa gran parte de la fama de Friedrich y su éxito financiero, abriendo el camino a la pintura romántica en Alemania. Se trata de una de las primeras obras en las que imprime ya su concepción del «paisaje sublime», una nueva modalidad que será muy imitada.


En julio de 1810 Friedrich y el pintor Georg Friedrich Kersting viajan juntos al «Riesengebirge», al sur de Dresde, donde realizó numerosos esbozos y apuntes que le sirvieron para numerosas obras en el futuro. En otoño del mismo año participó con sus obras Monje a la orilla del mar y Las ruinas del monasterio de Eldena en una exposición de la Academia Berlinesa, que le hizo miembro externo. Comienzan así sus años de mayor éxito.


En 1812 Napoleón emprende su campaña contra Rusia, en la que el ejército francés es acompañado por una tropa auxiliar sajona de 23.000 soldados. A la primavera siguiente, regresaron, derrotados y huyendo. Dresde y sus alrededores se convirtieron de nuevo en un escenario de guerra. 1813 es el año de la guerra de liberación alemana contra Napoleón, que culmina con la Batalla de las Naciones en Leipzig. Al año siguiente, 1814, Friedrich participa en una exposición que conmemoraba la liberación de Dresde, con su obra El cazador en el bosque, representando a un chasseur o coracero del ejército francés en un bosque nevado.


Friedrich frecuenta círculos de intelectuales de corte liberal-republicano, que apoyan los ideales nacionalistas. El Congreso de Viena (1814-1815) supuso una gran frustración de esta ideología, ya que significó la restauración del Antiguo Régimen bajo el liderazgo de Austria. Greifswald, ciudad natal de Friedrich, pasa, después de un breve intermedio danés, a dominio prusiano. No obstante, el pintor conservó el resto de su vida la nacionalidad sueca.



Madurez (1815-1823) [editar]


Entre 1815 y 1816 Friedrich volvió a viajar por el Báltico. Este último año fue admitido en la Academia de Dresde, recibiendo un sueldo de 150 táleros.


Mujer asomada a la ventana, 1822, cuadro para el que toma como modelo a su mujer, Caroline Bommer


En enero de 1818, Caspar David Friedrich de 44 años se casó con la joven Christiane Caroline Bommer, de 25 años. Tuvieron dos hijas y un hijo: Emma en 1819, Agnes Adelheid en 1823 y Gustav Adolf en 1824. Su viaje de bodas lo llevó nuevamente hacia Greifswald y Rügen. Ello dio pie a que ese mismo año pintase cuadros como Los acantilados blancos de Rügen y El caminante sobre el mar de nubes. Su esposa posó, como personaje que se encuentra de espaldas, para su obra Mujer asomada a la ventana (1822). A su hijo le puso el nombre de Gustav Adolf por el rey sueco Gustavo IV Adolfo. Su hijo fue igualmente pintor, pero no alcanzó el éxito que tuvo su padre.


La situación política posterior a las guerras napoleónicas no resultaba del gusto del pintor. Aunque el movimiento patriótico alcanzó su punto álgido con la fiesta de Wartburg (Wartburgfest) celebrada el 18 de octubre de 1817 en el Castillo de Wartburg, cerca de Eisenach, lo cierto es que este acontecimiento sirvió como justificación para medidas de represión de las fuerzas liberales, como los decretos de Karlsbad. La muerte del poeta August von Kotzebue (1819) provocó la reacción de una conferencia de ministros reunidos en Karlsbad, Bohemia, entonces parte del Imperio Austríaco, a instancias de Metternich. Introdujeron una serie de medidas represoras en la Confederación Germánica, conocidas como decretos de Karlsbad: censura de prensa, supervisión de las universidades por informadores, persecución de los liberales considerados «demagogos» y sus reuniones (a las que llamaban «actividades demagógicas»). Todo ello afecta al pintor y no es en absoluto gratuito que una de las medidas que adoptan sean la proscripción del traje antiguo alemán, que precisamente aparece en los cuadros de Friedrich.


Su situación anímica empeora, cayendo en una larga y profunda depresión, cuando el 27 de marzo de 1820 es asesinado durante un paseo su amigo, el también pintor Gerhard von Kügelgen. El 21 de agosto se traslada con su familia a la casa «An der Elbe 33» de Dresde, situada en el límite de la ciudad, a orillas del río Elba, lo que le permite observar a las embarcaciones que pasan lentamente por delante de su casa. Allí recibió la visita, en diciembre del mismo año, del Gran Príncipe Nicolás de Rusia; este, siendo zar, le compraría más tarde numerosos cuadros a través del poeta Vasili Zhukovski.


A partir de 1820 inmortaliza paisajes campestres, sin dejar por ello las representaciones marinas. Conoce al nazareno Overbeck, pero sus preferencias siguen inclinándose hacia el arte del paisaje del noruego Dahl, quien vive en Dresde desde 1818 y que, en 1823, se instala en la misma casa que Friedrich. Dahl y Friedrich celebrarán exposiciones conjuntas en 1824, 1826, 1829 y 1833.



Últimos años (1824-1840) [editar]


En 1824, Friedrich aspira a la cátedra de Pintura Paisajística de la Academia de Dresde. Sin embargo, no consigue el cargo, posiblemente por motivos políticos. Le nombran, en cambio, profesor supernumerario o extraordinario.


En esta década de los años 1820 decae el interés por los cuadros de Friedrich. Entre 1826 y 1828, la depresión le impide pintar, limitándose a hacer dibujos, lo que conlleva problemas económicos para la familia.


En 1830 recibe la visita del príncipe Federico Guillermo. La represión política aumentó en 1834, de manera que librepensadores como Heinrich Heine se vieron obligados a abandonar Alemania y emigrar a Francia y Suiza. En 1835, a la edad de 61 años, sufre un infarto o ataque de apoplejía que le paraliza brazos y piernas. Dos años más tarde ya no puede pintar.


Vende varios cuadros al Zar, lo que le permite pagarse una cura en Teplitz. Estos últimos años están marcados por la enfermedad y dificultades financieras. En sus obras tardías aparecen reiteradamente símbolos relacionados con la muerte, algunos obvios, como sepulturas y tumbas y otros que no lo son tanto, como las ruinas y las lechuzas.


El artista, que ya de por sí tenía un carácter tímido y cerrado, atormentado y melancólico, se apartó cada vez más de su entorno y hasta para su mujer y sus hijos era cada vez más difícil acceder a él. En efecto, Friedrich personificó a un romántico típico. Era bastante introvertido, tímido, religioso y conectado con la naturaleza.


Caspar David Friedrich muere, víctima de un ataque de apoplejía, el 7 de mayo de 1840 en Dresde. Se le entierra en el cementerio de la Trinidad.



Obra [editar]


Abadía en el robledal, 1809


Como es característico de la pintura romántica, Friedrich pintó sobre todo óleos sobre lienzo. En alguna ocasión utilizó el formato del retablo y empleó el oro, a la manera de los artistas medievales.


No obstante, inicialmente se dedicó a hacer dibujos a la pluma, con tinta china y acuarela. A partir de 1800 comenzó a utilizar preferentemente la tinta de color sepia. Aunque se le atribuye un óleo en 1798 (Barco naufragado en el Océano Glacial), lo cierto es que no generalizó el uso de esta técnica hasta más tarde, empezando a aparecer en gran número sólo a partir de 1807.


Perteneció a la primera generación de artistas libres, que no pintaban por encargo, sino que creaban por sí mismos para un mercado libre de galerías.



Paisajes [editar]


Su género preferido fue el paisaje y, dentro de él, los temas montañosos y marinos.


La obra de Friedrich tiene precedentes en una larga tradición de pintores alemanes que, antes de él, pintaron paisajes «cósmicos» o «sublimes», como Durero o Adam Elsheimer. En efecto, los pintores centroeuropeos tendieron a pintar inmensos paisajes con montañas altas, pendientes escarpadas, enormes cielos..., en los que el hombre se sentía perdido. Igualmente, hay rasgos en la pintura de Friedrich que ya estaban en las vedute del siglo precedente: el espectador en primer término, destacando sobre el paisaje del fondo, y el interés por paisajes solitarios y majestuosos, como el mar o las montañas.


Sin embargo, a diferencia de paisajistas anteriores, se inspiró en los paisajes reales que conoció, algunos de ellos hasta entonces prácticamente desconocidos: Neubrandeburgo, Rügen, Greifswald, Bohemia, las regiones del Harz y del Riesengebirge. Esto dotó a su obra de un realismo hasta entonces inédito. Eligió, además, algunos puntos de vista que no abundaban antes en la pintura paisajística, como las cimas de la montaña o las orillas del mar.


No obstante, en su obra es importante la composición. Aunque muchos cuadros son una imagen precisa de la realidad, son una cuidadosa composición de diferentes elementos, que Friedrich había guardado en su libro de esbozos.


No seguía la tendencia artística italiana ni a los antiguos maestros. A su juicio, el arte debía mediar entre las dos obras de Dios, los humanos y la Naturaleza. Con este punto de vista se acerca a las bellezas naturales, en cuya representación procesó tendencias y sentimientos. Sus obras no son, por lo tanto, imágenes de la Naturaleza, sino de un sentimiento metafísico, inaprensible.


El primer plano y el fondo, separados a menudo por un abismo, se relacionan entre sí.


El espíritu que domina la obra de Friedrich es radicalmente romántico: abundan las escenas a la luz de la luna, espacios gélidos (mar de hielo, campos helados), las noches, paisajes montañosos y agrestes. Cuando incluye elementos humanos, suelen ser de carácter sombrío, como cementerios o ruinas góticas. Una y otra vez aparecen elementos religiosos, como crucifijos o iglesias.


Arco iris en un paisaje de montaña, h. 1809-1810


Pobló sus paisajes de seres humanos contemporáneos, pertenecientes en general a la burguesía. Estas figuras, a partir de 1807, suelen aparecer de espaldas al espectador, ocultando la cara, y en alguna de ellas se reconoce al propio Friedrich. Suelen estar ubicados céntricamente en el cuadro, de manera que cubren el punto de fuga. Con este recurso, el artista señala que el «sentimiento», la auténtica humanización, se encuentra en la Naturaleza. Al mismo tiempo, esto permite que el espectador no se distraiga con la fisonomía de este personaje anónimo, sino que se identifique con él. Finalmente, de esta manera logra una metáfora visual de la disolución del individuo en el «todo» cósmico.


Es el pintor más significativo del paisajismo romántico alemán, comparable al inglés J. M. W. Turner. Junto a Turner y Constable, hizo de las pinturas de paisajes un género principal en el arte occidental. A este nuevo arte del paisaje también contribuyeron Corot y Théodore Rousseau veinticinco años más tarde.



Simbolismo [editar]


La renovación que Friedrich introdujo en el género del paisaje no fue sólo su realismo, sino también por su simbolismo. Pretende reflejar el alma de las figuras humanas que suelen aparecer en el primer plano. Crea así lo que en el siglo XIX se llamaban «paisajes íntimos». Su simbolismo parece ser directamente heredado por Arnold Böcklin.



Alegoría política [editar]


Monje a la orilla del mar


A menudo se ven en los cuadros de Friedrich alegorías de la situación política de la época. Sobre todo en su primera época, se descubren en sus cuadros elementos simbólicos referentes a las guerras de liberación, lo que refleja su sentimiento patriótico antinapoleónico y el desencanto sobre la posterior restauración. El significado antinapoleónico de sus cuadros era evidente para sus contemporáneos, quienes, además, demandaban este tipo de obras. Por ello el rey prusiano adquirió en 1810 las dos pinturas Monje a la orilla del mar y Abadía en el robledal y, dos años más tarde, otras dos. Sin embargo, después de la victoria contra Napoleón, la tendencia patriótica chocó contra el statu quo resultante del Congreso de Viena, y estos temas pictóricos encontraron rechazo. Muestra de ello es que, después de la «persecución de los demagogos» intensificada tras las resoluciones de Karlsbad (1819), la Casa real prusiana no le volvió a comprar ninguna otra obra.


Puede citarse, a modo de ejemplo, el optimismo de la pintura En el velero (1818), frente al desencanto de El árbol solitario (1821), en el que un roble simboliza la Alemania dañada por la ocupación de los franceses. Sus cuadros posteriores adoptan tonos más oscuros, mereciendo destacar Las hermanas en una terraza en el puerto (1820). En este cuadro se combinan elementos de diversos lugares, destacando las cinco torres de la iglesia de Halle, símbolo del triunfo de la reforma luterana frente al catolicismo que simbolizaba Alberto de Brandeburgo (siglo XVI).


Un elemento que constantemente aparece en sus cuadros con un significado político es el antiguo traje alemán, proscrito en 1819, pues era una expresión figurativa de las convicciones patrióticas, como se expresa en el tratado Sobre las costumbres, la moda y el traje (1814) de Arndt. Muchos caballeros visten en las obras de Friedrich una levita abrochada hasta arriba, un ancho cuello por encima y un bonete en la cabeza, mientras que las señoras aparecen con vestidos largos y cerrados en el cuello. Esta moda se oponía al estilo imperio, que era considerada como francesa. En este estilo dominaban los colores brillantes y claros. Las mujeres llevaban escote y transparencias y los caballeros pantalones blancos ceñidos.


La naturaleza representada por Friedrich visualiza, pues, las tensiones políticas de la época. Sobre la pintura de Dos hombres observando la luna (h. 1818-1819, Gemäldegalerie Alte Meister, Dresde), y preguntado sobre lo que estaban haciendo aquellos hombres, Friedrich comentó irónicamente que «Están llevando a cabo actividades demagógicas».


Cabe mencionar, por último, que la postura personal de Friedrich sobre su propia nacionalidad, sueca, se evidencia en varias de sus obras a través de las banderas. La bandera danesa (Dannebrog) y la sueca aparecen en el cuadro Vista de un puerto (1815). Es más, en una de sus últimas obras, Las edades de la vida, de 1835, veinte años después de la incorporación de Greifswald a Prusia, aparecen los hijos de Friedrich, Agnes Adelheid y Gustav Adolf, con un banderín sueco.


El poeta sueco Daniel Amadeus Atterbom, que conoció a Friedrich, escribió en su «Cuadros de viajes por la Alemania romántica» (Reisebilder aus dem romantischen Deutschland) que «Friedrich es pomerano... y se considera medio sueco».



Alegoría religiosa [editar]


A partir de los años 1812-1814 el patriotismo va siendo sustituido por el dominio del simbolismo cristiano. Friedrich era profundamente religioso y, al igual que Runge, pretendía renovar el arte alemán a través del espíritu pietista protestante. Quería generar un sentimiento de religiosidad a través de una nueva temática: el paisaje.


Cultiva una metafísica de la luz, propia del cristianismo neoplatónico. Aparece en sus paisajes la dualidad: el cuerpo y el alma, lo terrenal y lo espiritual, generalmente representados por el primer plano donde están las personas (lo humano) y los planos posteriores, en los que aparece el paisaje en toda su grandeza (lo divino).


Acantilados blancos en Rügen, 1818


Algunos elementos que se repiten en sus obras tienen un claro simbolismo religioso:



  • El color violeta (y, en general, el contraste entre la oscuridad de la parte inferior de la pintura o primer plano, y la claridad en la parte superior representando el fondo) era, y no sólo para Friedrich, el color del duelo y la melancolía. Se sospecha que la base de semejantes obras sea la condición depresiva de Friedrich.

  • La experiencia de la naturaleza en el mundo germánico. Para Friedrich era un acontecimiento religioso místico muy personal.

  • El camino de la vida de los humanos está representado a través de barcos que aún están en el mar, pero que se acercan al puerto, que se iguala con el logro o la muerte.

  • La base sobre la que se asientan los humanos es, frecuentemente, una roca de gran tamaño. Según Friedrich representa la fe, imperturbable y firme.

  • La nieve aparece en numerosos cuadros de Friedrich. A diferencia de la pintura rococó, de la del siglo XVI y XVII, no es una helada temporal, sino como algo cercano a la muerte. El invierno, por preceder al renacimiento de la naturaleza, simboliza la idea cristiana de la resurrección.

  • Los abetos, perennes y resistentes al paso del tiempo, eran entendidos, tanto por Friedrich como por sus contemporáneos, como una referencia a la eternidad, siendo así un símbolo de esperanza cristiana.



Recepción [editar]


Friedrich y el pintor contemporáneo Dahl se influyeron mutuamente, si bien Dahl no logró su maestría ni profundad.


Su obra fue, en general, muy valorada en su época. Su primera gran obra, el Retablo de Tetschen, fue objeto de duras críticas por parte del barón Ramdohr, pero, a pesar de ello, hacia 1810 puede considerarse que goza de reconocimiento generalizado. Hasta los años 1820 los críticos y las revistas de arte solían hacer recensiones muy favorables de sus cuadros.


Pero los contemporáneos fueron considerando que derivaba hacia el misticismo y, con El mar de hielo (h. 1823-1824), debido a su radicalismo compositivo y temático, ya no lo comprendió nadie, siendo un cuadro que no consiguió venderse en vida del autor.


El público general prácticamente olvidó la obra de Friedrich en la segunda mitad del siglo XIX. Fue sólo hacia 1860 cuando fue redescubierto por pintores simbolistas por sus paisajes visionarios y alegóricos. El pintor suizo Arnold Böcklin (1827-1901), pionero del simbolismo, resultó muy influido por su trabajo. Se considera que Friedrich, como Ludwig Richter y Moritz von Schwind, fueron precursores del simbolismo en Alemania.


Por el mismo motivo, Max Ernst y otros surrealistas lo vieron como el precursor de su movimiento.


En 1986, Peter Schamoni dirigió una película biográfica, Caspar David Friedrich - Grenzen der Zeit, en la que además de la figura del pintor, aparecen personajes contemporáneos, como el amigo médico de Friedrich, Carl Gustav Carus.



Otras obras [editar]


Friedrich también hizo bocetos de monumentos y esculturas para mausoleos, reflejo de su obsesión con la muerte y la vida después de esta.


Pintó también «cuadros transparentes», esto es, cuadros sobre papel transparente que se iluminaban en un salón oscuro con acompañamiento de música, reputándose así una obra de arte global. Los cuatro que realizó entre 1830 y 1835 para el príncipe heredero Alejandro de Rusia se perdieron; pero en la Gemäldegalerie de Kassel se conservan dos cuadros pintados en papel transparente por ambas caras, de manera que según cómo se iluminasen uno es una escena diurna y otra nocturna. Se considera que forman parte de la prehistoria de espectáculos modernos como el cine.



Citas [editar]


«El pintor debería pintar no solo lo que se encuentra frente a él, sino también lo que ve en su interior. Si no logra ver nada, debería dejar de pintar lo que se encuentra frente a él». Caspar David Friedrich.


¨Cierra tus ojos corpóreos para poder ver tu cuadro con los ojos del espíritu, y haz surgir a la luz del día lo que has visto en las tinieblas¨. Caspar David Friedrich.


Su contemporáneo francés, el escultor David d'Anghers (1788-1856), dijo: «¡Friedrich! El único pintor de paisajes que había tenido hasta entonces el poder de remover todas las facultades de mi alma, el que realmente creó un nuevo género: la tragedia del paisaje».



Lista de obras (selección) [editar]


Artículo principal: Cuadros de Caspar David Friedrich


Friedrich pintó unas 310 obras. Algunas desaparecieron en el incendio de 6 de julio de 1931 que destruyó el Palacio de Cristal (Glaspalast) de Múnich; otras lo hicieron en el bombardeo de Dresde en la Segunda Guerra Mundial. Las más características y conocidas son las siguientes:

















































































































Imagen ↓Título ↓Año ↓Técnica/ Material ↓Museo/Colección/Propietario ↓
El verano (Der Sommer)180771,4 cm × 103,6 cm, óleo sobre lienzoMúnich, Neue Pinakothek
La cruz en la montaña (Das Kreuz im Gebirge) (Altar o Retablo de Tetschen - Tetschener Altar-)1807-1808115 x 110,5 cm, óleo sobre lienzoDresde, Gemäldegalerie
La abadía en el robledal (Abtei im Eichwald )1809-1810110,4 x 171 cm, óleo sobre lienzoBerlín, Palacio de Charlottenburg
Monje a la orilla del mar (Der Mönch am Meer)1808-1810110 x 171,5 cm, óleo sobre lienzoBerlín, Palacio de Charlottenburg
Ciudad al claro de lunah. 1817 Winterthur, Fundación Oskar Reinhart
Caminante ante un mar de niebla (Der Wanderer über dem Nebelmeer); también El viajero contemplando un mar de nubes181898,4 x 74,8 cm, óleo sobre lienzoHamburgo, Kunsthalle
Acantilados blancos en Rügen (Kreidefelsen auf Rügen); también Rocas calcáreas en Rügenh. 181890,5 x 71 cm, óleo sobre lienzoWinterthur, Museo Oskar Reinhart en Stadtgarten
Dos hombres contemplando la luna (Zwei Männer in Betrachtung des Mondes)181935 cm × 44 cm, óleo sobre lienzoDresde, Gemäldegalerie
Prados en Greifswald (Wiesen bei Greifswald)h. 182035 cm × 49 cm, óleo sobre lienzoHamburgo, Kunsthalle
La luna saliendo a la orilla del mar (Mondaufgang am Meer)182255 cm × 71 cm, óleo sobre lienzoBerlín, Nationalgalerie
El mar de hielo (El naufragio del Esperanza) - Das Eismeer; también El Mar Helado, El Océano Glacial1823-182497 cm × 127 cm, óleo sobre lienzoHamburgo, Kunsthalle
La ruina de Eldena (Klosterruine Eldena bei Greifswald)h. 182535 x 49 cm, óleo sobre lienzoBerlín, Nationalgalerie, Inv. Nr. A II 574
La gran reserva (Das Große Gehege); también El gran coto o El gran vedadoh. 183273,5 cm × 102,5 cm, óleo sobre lienzoDresde, Gemäldegalerie
La tarde1830-1835 Fráncfort del Meno, Freies Deutsches Hochstift
Las tres edades (Die Lebensstufen); también Las edades de la vidah. 183472,5 x 94 cm, óleo sobre lienzoLeipzig, Museum der bildenden Künste, Inv. Nr. 1217


Referencias [editar]



  • Carrassat, P. F. R., Maestros de la pintura, Spes Editorial, S.L., 2005. ISBN 84-8332-597-7

  • Carrassat, P. F. R., y Marcadé. I., Movimientos de la pintura, Spes Editorial, S.L., 2004. ISBN 84-8332-596-9

  • Laneyre-Dagen, N., Leer la pintura, Spes Editorial, S.L., 2005. ISBN 84-8332-598-5.

  • Ramírez Domínguez, J.A., Evolución de las artes figurativas hasta el impresionismo, en Historia del Arte, Anaya, Madrid, 1986. ISBN 84-207-1408-9

  • Russo, R., Friedrich, Col. Art Book, Electa Bolsillo, 1999. ISBN 84-8156-216-5

  • Walther, I.F. (ed.), Los maestros de la pintura occidental, Taschen, 2005. ISBN 3-8228-4744-5

  • Wolf, N., Friedrich, Taschen, 2003. ISBN 3-8228-2293-0

  • Diccionario de Arte, Pintores del siglo XIX, Editorial LIBSA, 2001. ISBN 84-7630-842-6.

  • Museos del mundo: Museo del Ermitage II (vol. 13), Museo del Louvre II (vol. 4) y National Gallery (vol. 1), Espasa, 2007


De la Wikipedia alemana:



  • Börsch-Supan, H., y Jähnig, K.W., Caspar David Friedrich. Gemälde, Druckgraphik und bildmäßige Zeichnungen. Prestel Verlag, Múnich, 1973. (Werkverzeichnis Friedrichs mit Biographie).

  • Börsch-Supan, H., Caspar David Friedrich. Prestel Verlag, Múnich, 2005. ISBN 3-7913-3333-X

  • Busch, W., Caspar David Friedrich. Ästhetik und Religion. C.H. Beck, Múnich, 2003. ISBN 3-406-50308-X

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  • Frank, H., Aussichten ins Unermessliche. Perspektivität und Sinnoffenheit bei Caspar David Friedrich. Akademie Verlag, Berlín, 2004

  • Grave, J., Caspar David Friedrich und die Ästhetik des Erhabenen. Friedrichs Eismeer als Antwort auf einen zentralen Begriff der zeitgenössischen Ästhetik. VDG, Weimar, 2001, ISBN 3-89739-192-9

  • Hoch, K.L.:

    • Caspar David Friedrich - unbekannte Dokumente seines Lebens. Verlag der Kunst, Dresde, 1985

    • Caspar David Friedrich und die böhmischen Berge. Verlag der Kunst, Dresde, 1987

    • Caspar David Friedrich in der Sächsischen Schweiz. Verlag der Kunst, Dresde, 1996

    • Caspar David Friedrich und Krippen en: Sächsische Heimatblätter 1979, 3, p.119 y sigs.

    • Caspar David Friedrichs Frömmigkeit und seine Ehrfurcht vor der Natur. Diss., Leipzig, 1981



  • Hofmann, W., Caspar David Friedrich. Naturwirklichkeit und Kunstwahrheit. C.H. Beck, Múnich, 2000. ISBN 3-406-46475-0

  • Neidhardt, H.J., Die Malerei der Romantik in Dresden. Leipzig, 1976

  • Rewald, S., (editora): Caspar David Friedrich. Gemälde und Zeichnungen aus der UdSSR. Verlag Schirmer/Mosel Múnich-París-Londres, 1991. ISBN 3-88814-420-5 (120 págs.w, 28 láminas en color, 41 ilustraciones, catálogo traducido de la exposición del Metropolitan Museum of Art en Nueva York)

  • Zschoche, H., (editor): Caspar David Friedrich. Die Briefe. 2.ª ed., ConferencePoint Verlag, Hamburgo, 2005. ISBN 3-936406-12-X



Enlaces externos [editar]






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El eterno retorno es una concepción filosófica del tiempo postulada en forma escrita, por primera vez, por Nietzsche en su libro "Así habló Zaratustra". Como expresión ha pasado a ser un tópico literario y cultural.


En el "eterno retorno", como en una visión lineal del tiempo, los acontecimientos siguen reglas de causalidad. Hay un principio del tiempo y un fin... que vuelve a generar a su vez un principio. Sin embargo, a diferencia de la visión cíclica del tiempo, no se trata de ciclos ni de nuevas combinaciones en otras posibilidades, sino que los mismos acontecimientos se vuelven a repetir en el mismo orden, tal cual ocurrieron, sin ninguna posibilidad de variación. En su obra La gaya ciencia Nietzsche plantea que no sólo son los acontecimientos los que se repiten sino también los pensamientos, sentimientos e ideas, vez tras vez, en una repetición infinita e incansable.


En "Así habló Zaratustra", el protagonista descubre esta visión del tiempo y queda desmayado por la impresión. Zaratustra despierta después de siete días de inconciencia y sus animales lo halagan diciéndole que es el maestro del eterno retorno de lo mismo.


Es sólo a través de la realización de que el "eterno retorno" incluye tanto los fracasos como los éxitos que logra "despertar" del estado de trance en el que está, sabiendo que, aunque el Hombre vuelva a ser Mono, nuevamente Zaratustra aparecerá para predicar el Superhombre, nuevamente se dará cuenta de lo que es el "eterno retorno" y nuevamente despertará.


El valor del concepto de eterno retorno ha sido tan discutido como poco entendido. En general, se le considera únicamente desde el punto de vista cronológico, en el sentido de repetición de lo sucedido. Pocas veces es pensado como uno de los conceptos más poderosos de la filosofía moral de todos los tiempos: obra de modo que un horizonte de infinitos retornos no te intimide; elige de forma que si tuvieras que volver a vivir toda tu vida de nuevo, pudieras hacerlo sin temor. Nietzsche, en su teoría del eterno retorno, nos enseña sólo una cosa: El hombre logrará transformarse en el "Superhombre" cuando logre vivir sin miedo.









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Historia y progreso [editar]


La idea de eterno retorno se refiere a un concepto circular de la historia o los acontecimientos. La historia no sería lineal, sino cíclica. Una vez cumplido un ciclo de hechos, estos vuelven a ocurrir con otras circunstancias, pero siendo, básicamente, semejantes.


Es propio del pensamiento occidental la idea de que el progreso es indefinido y siempre hacia adelante, sin embargo, en otros sistemas filosóficos, como los orientales, o en la filosofía de la historia de autores occidentales como Giambattista Vico, se encuentra la idea de ciclos que se van perfeccionando, retornando eternamente hasta alcanzar la forma perfecta tras muchas fases erróneas.



Literatura [editar]


En literatura se encuentran ejemplos notables de esta idea, como en Madame Bovary del escritor francés Gustave Flaubert o, en Cien años de soledad del colombiano Gabriel García Márquez.


Jorge Luis Borges, uno de los mayores eruditos de las letras argentinas, usó la idea del eterno retorno como tema para algunos de sus cuentos. Asimismo le dedicó dos noticias asombrosas, en las que exploró los precedentes (y algunas variaciones) de esa visión ("La doctrina de los ciclos" y "El tiempo circular", en Historia de la eternidad).


La idea del eterno retorno también hace parte central de la obra del escritor checo Milan Kundera "La insoportable levedad del ser", en donde relaciona el concepto de gravidez o pesadez con el eterno retorno (tal como lo hiciera Nietzsche), lo cual se encuentra según el autor en oposición a la levedad, caracterizada por una condición de frivolidad propia de la posmodernidad. Los personajes desarrollan sus historias y su interacción social en medio de la dicotomía de la pesadez y la levedad.



El mito del eterno retorno [editar]


El filósofo e historiador de las religiones Mircea Eliade escribió El mito del eterno retorno, aplicando el concepto a lo que ve como una creencia religiosa universal en la capacidad de volver a la edad mítica (edad de oro) a través del mito y el rito. Describe un proceso (distintamente no espontáneo) que depende del comportamiento humano, y que no coincide con la teoría del eterno retorno concebido como un proceso matemáticamente inevitable.



Teorema de la recurrencia de Poincaré [editar]


Se ha señalado una conexión meramente formal ente el concepto de eterno retorno y el teorema de la recurrencia de Henri Poincaré. En él se propone que un sistema con una cantidad finita de energía y confinado en un volumen espacial finito, retornará tras un tiempo lo suficientemente largo a un estado arbitrariamente próximo a su estado inicial. Ese tiempo suficiente puede llegar a ser mucho mayor que el que se predice como tiempo total de vida del universo (10^19 segundos) en algunos cálculos cosmológicos (véase Edad del Universo y Destino último del Universo).


Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Eterno_retorno" Categoría: Friedrich Nietzsche


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lunes 6 de abril de 2009

Paideia

Paideia

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Paideia (en griego παιδεια, "educación" o "formación", a su vez de παις, país, "niño") era, para los antiguos griegos, la base de educación que dotaba a los hombres (no mujeres) de un carácter verdaderamente humano. Como tal, no incluía habilidades manuales o erudición en temas específicos, que eran considerados mecánicos e indignos de un ciudadano; por el contrario, la paideia se centraba en los elementos de la formación que harían del individuo una persona apta para ejercer sus deberes cívicos. El primero en configurar la paideia como un humanismo cívico integral fue el orador y pedagogo griego Isócrates. Bajo el concepto de paideia se subsumen elementos de la gimnasia, la gramática, la retórica, la poesía, las matemáticas y la filosofía, que se suponía debían dotar al individuo de conocimiento y control sobre sí mismo y sobre sus expresiones.
El ideal de paideia estaba dado por la estructura específica de la polis griega, en que una casta relativamente reducida de ciudadanos, exentos de las necesidades manuales con la excepción de la guerra, dedicaban su vida a la participación en los asuntos cívicos. El dominio cuidado de la lengua griega distinguía a los locales de los forasteros e inmigrantes; la expresión oral, cuidadosamente elaborada, respondía la obligación de mostrarse como un individuo refinado en el ágora, donde las habilidades persuasivas resultaban cruciales. Las ciencias puras indicaban una disposición de ánimo objetiva y poco concernida con los asuntos mundanos, una cualidad deseable en un potencial legislador. Las proezas gimnásticas confirmaban el dominio de sí y el carácter viril —también garantizado por el comportamiento en combate— que completaban el perfil aristocrático.
La noción de paideia se transmitió, a través sobre todo de los filósofos estoicos a la cultura romana, donde se tradujo habitualmente como humanitas, de donde proviene la designación de "humanidades" para los estudios vinculados a la cultura y el movimiento ideológico, filosófico, pedagógico y cultural conocido como Humanismo que caracterizó el Renacimiento grecolatino en Europa. La noción se rescató reiteradamente a lo largo de la historia occidental por parte de movimientos aristocratizantes que oponían una concepción global de la formación humana al énfasis en las habilidades prácticas; un movimiento de este tipo inspiró a Pierre de Coubertin a reinstaurar la tradición de los juegos olímpicos.
A mediados del siglo XX, el filólogo alemán Werner Jäger publicó el más detallado estudio sobre la noción de paideia hasta la fecha, bajo el título "Paideia: Los Ideales de la Cultura Griega".

Bibliografía [editar]

Jäger, Werner (1957). Paideia. México: Fondo de Cultura Económica








Isócrates

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Isócrates (Atenas, 436 a. C. - ibíd. 338 a. C.) orador, logógrafo, político y educador griego.

Biografía [editar]

De familia pudiente, Isócrates fue un seguidor, en los aspectos formales, de Gorgias, y en los ideológicos, de Sócrates y Platón. Este último, además, le alabó en el Fedro. Dirigió una escuela de oratoria en la isla de Quíos y, al volver a Atenas, sobre el año 403 a. C., trabajó como logógrafo escribiendo discursos judiciales y políticos por encargo; no inició una carrera política, ya que era tímido y con poca voz. Sin embargo, fundó el año 392 a. C. una importante escuela de oratoria que se hizo muy famosa, no sólo por la eficacia de su instrucción, sino también por el hecho (emanado de su formación socrática y platónica) de incluir en su plan de estudios la educación ética del ciudadano, en lo que se distinguió claramente de sus principales competidores, los sofistas, cuya falta de referentes éticos atacó. La finalidad de esta reforma educativa era en el fondo propiciar una regeneración política, pues Isócrates perseguía la unificación de Grecia como única forma de evitar la invasión de los persas (es la idea central de su famoso Panegírico, compuesto el año 380 a. C.). El ciclo de estudios de su escuela duraba entre tres y cuatro años y la relación que sostenía con sus estudiantes era íntima y afectuosa, en lo que ayudaba su reducido número (un máximo de nueve) para ejercer una influencia directa en cada uno y dedicar todo el tiempo posible a su formación como hombres políticos. Su propósito era recuperar el esplendor de la cultura griega impulsando por medio de la educación una nueva cultura (paideia) con la intención de reformar la ciudad-estado por medio de sus futuros líderes. Éstos, como factor multiplicador, actuarían como los guías y educadores del resto de la ciudadanía, como única forma de consolidar instituciones fuertes y políticamente tan sanas como los ciudadanos que las formaran; esta fue la semilla del posterior humanismo occidental. En un principio, Isócrates puso sus esperanzas de regeneración en el proyecto político de Filipo II de Macedonia.
Su estilo es fluido, de frase compleja y abundante en antítesis. Educó a los oradores Hipérides, Iseo y Licurgo; sus enseñanzas son también patentes en oradores posteriores como el griego Demóstenes o el romano Cicerón. Falleció víctima de un ayuno voluntario en protesta por la pérdida de la independencia de Grecia el año 338 a. C. Se conservan de él 21 discursos y 9 cartas.

Bibliografía [editar]

  • Isócrates (1979/1980). Discursos. Obra completa. intr., trad. y notas de J. M. Guzmán Hermida. Rev.: M. López Salvá. Madrid: Editorial Gredos.
  1. Volumen I: Discursos I. 1979 [1ª edición, 2ª impresión]. ISBN 978-84-249-3528-3.

  2. Volumen II: Discursos II. 1980. ISBN 978-84-249-3543-6.


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François de Salignac de la Mothe, más comúnmente conocido como François Fénelon (Périgord; 6 de agosto de 1651 - Cambrai; 7 de enero de 1715) fue un teólogo católico, poeta y escritor francés. Fénelon es más recordado por su Aventuras de Telémaco, un escabroso ataque a la monarquía francesa, probablemente publicado en 1699.



miércoles 1 de abril de 2009

Gaia

Gea, Gaia


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Saltar a navegación, búsqueda Este artículo trata sobre la deidad griega que personifica la Tierra. Para otros usos de este término, véase Gea (desambiguación). Gea baja de su carro. Detalle de un sarcófago en la Gliptoteca de Múnich.


Gea o gaia (en griego antiguo Γαῖα Gaĩa, Γαῖη Gaĩê o Γῆ Gễ, ‘suelo' o ‘tierra') es, en la mitología griega, la diosa que personifica la Tierra. Es una deidad primordial y ctónica en el antiguo panteón griego y se la consideraba una Diosa Madre o Gran Diosa. Su equivalente en el panteón romano era Terra.









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En la mitología griega [editar]


La Teogonía de Hesíodo cuenta un cuento[1] cómo, tras el Caos, surgió Gea, la de anchos pechos, la eterna fundación de los dioses del Olimpo. De su propio ser, «sin dulce unión de amor», trajo a Urano, el cielo estrellado, su igual, para cubrirla a ella y a las colinas, y también a Ponto, la infructuosa profundidad del mar, «sin la dulce unión del amor», por sí misma. Pero tras esto, cuenta Hesíodo, yació con su hijo Urano y engendró a los Titanes Océano, Ceo, Crío, Hiperión y Jápeto, y a las Titánides Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe la de la dorada corona y la hermosa Tetis(del griego tetim, que traducido al español significa "teta"). «Tras ellos nació Crono el astuto, el más joven y terrible de sus hijos, y éste odió a su lujurioso padre.»


Hesíodo menciona que Gea concibió más descendencia con Urano. Primero los Cíclopes gigantes de un solo ojo, constructores de murallas, a los que posteriormente se les dieron nombres: Brontes (‘el que truena'), Estéropes (‘el que da el rayo') y Arges (‘el que brilla'): «Había fuerza, poder y destreza en sus obras.» Luego añade los tres terribles hijos de cien manos de la Tierra y el Cielo, los Hecatónquiros, Coto, Briareo y Giges, cada uno con cincuenta cabezas.


Urano se avergonzó de los deformes cíclopes y hecatónquiros, y decidió encerrarlos en el Tártaro, el mundo de las profundidades y la oscuridad, donde no pudieran ver la luz, y se regocijó de su maldad. Gea sin embargo los amaba, así que incitó a los titanes a que se rebelaran contra su padre. Urano terminó por encerrarlos también en el Tártaro. Gea acudió a ayudarlos con las titánides. Pero apenas liberados, los cíclopes atacaron a los titanes y los hecatónquiros a las titánides, celosos de su belleza.


Gea se vio entonces obligada a encerrar por su cuenta y para siempre a cíclopes y hecatónquiros. Gea pidió ayuda a sus hijos, titanes, para vengarse de Urano, pero sólo Crono estuvo dispuesto a cumplir con su obligación. Crono encontró a Urano confiado en brazos de Nix, con la que había engendrado a Tánatos e Hipnos, y le castró con una hoz de pedernal que le había dado Gea, arrojando los testículos tras él. Al salpicar la sangre de éstos en la Tierra, surgieron los Gigantes con armadura (más tarde destruidos por los dioses con la ayuda de Heracles), las Erinias y las Melias (ninfas de los fresnos). Crono arrojó al mar la hoz (que dio origen a la isla de Corfú) y los testículos de Urano, donde produjeron una espuma de la que nació Afrodita. Crono encerró entonces a Urano en el Tártaro junto con los cíclopes y hecatónquiros, a quienes también temía.


Tal como Urano había sido depuesto por su hijo Crono, así él mismo estaba destinado a ser derrocado por el suyo. Para evitarlo, se tragaba a sus hijos tan pronto como éstos nacían. Gea le dio a la esposa de Crono, Rea, la idea que salvaría a su último hijo, Zeus: dar a Crono una piedra envuelta en pañales que pareciese un bebé. Entonces Gea crió a Zeus (según algunas versiones de la historia), quien finalmente rescataría a sus hermanos y hermanas, tragados por Crono, y también liberaría a los Cíclopes, Hecatónquiros y Gigantes del Tártaro. Juntos, Zeus y sus aliados derrocarían a Crono.


Tras la castración de Urano, Gea parió a Equidna y (según algunos) a Tifón, engendrados por Tártaro. De Ponto, Gea tuvo a Nereo, Taumante, Forcis y Euribia. Con Éter tuvo a Ergía, la diosa de la pereza y la holgazanería.


Cuando Apolo mató a Pitón, hijo de Gea, ésta le castigó enviándole con el rey Admeto como pastor durante nueve años.


Zeus escondía a una amante, Elara, de Hera ocultándola bajo la tierra. El hijo que tuvo de ésta, el gigante Ticio, es por tanto considerado a veces hijo de Gea, la diosa de la tierra, y de Elara.


Gea también hizo inmortal a Aristeo.


Se cree por algunas fuentes[2] que Gea fue la deidad original tras el Oráculo de Delfos. Traspasó sus poderes a, según la versión, Poseidón, Apolo o Temis. Apolo es el mejor conocido como poder tras el oráculo, muy reconocido ya en tiempos de Homero, tras haber matado al hijo de Gea Pitón en ese lugar y usurpado su poder ctónico. Hera castigó a Apolo por esto enviándolo a trabajar como pastor durante nueve años con el rey Admeto.


Los juramentos prestados en nombre de Gea, en la antigua Grecia, estaban considerados entre los más sagrados.


En el arte clásico Gea era representada de dos formas. En las vasijas pintadas atenienses se la mostraba como una mujer entrada en años, medio levantada del suelo, a menudo dando el bebé Erictonio (un futuro rey de Atenas) a Atenea para que ésta lo criase. Más tarde, en los mosaicos, aparece como una mujer reclinada sobre la tierra rodeada por un grupo de Karpoi, dioses infantes de los frutos de la tierra.



Consortes y descendencia [editar]


Nacimiento de Erictonio: Atenea recibe al niño de manos de la madre tierra Gea. Hefesto contempla la escena. Cara A de un estamno ático de figuras rojas, 470-460 a. C.





















Interpretaciones [editar]


Etimológicamente, Gaia es una palabra compuesta por dos elementos. *Ge, que significa ‘Tierra', se encuentra en muchos neologismos, como Geografía (Ge/graphos, escribir sobre la Tierra) y Geología (Ge/logos, palabras sobre la Tierra). *Ge es una palabra sustrato pregriega que algunos relacionan con la sumeria Ki, que también significa ‘Tierra'. *Aia es un derivado de una raíz indoeuropea que significa ‘abuela'. Por tanto, la etimología completa de Gaia parecería haber sido ‘abuela Tierra'.[3]


Algunas fuentes, como los antropólogos James Mellaart, Marijas Gimbutas y Barbara Walker, afirman que Gea como la Madre Tierra es una evolución de la Gran Madre del preindoeuropeo, una diosa de la vida y la muerte generosa pero pavorosa, que había sido venerada ya desde el Neolítico Oriente Próximo, Anatolia y la zona de influencia de la cultura egea, pero también más allá de Malta y las tierras etruscas. Esta teoría levanta controversia en la comunidad académica. La creencia en una Madre Tierra nutricia es a menudo una característica del moderno culto neopagano a la «Diosa», que suele ser vinculado por los practicantes de esta religión con la teoría de la diosa neolítica.


La separación que Hesíodo hizo de Rea y Gea no fue seguida rigurosamente, ni siquiera por los propios mitógrafos griegos. Mitógrafos modernos como Károly Kerényi o Carl A. P. Ruck y Danny Staples, así como una generación anterior influenciada por La rama dorada de James Frazer, interpretan que las diosas Deméter la «madre», Perséfone la «hija» y Hécate la «vieja», como las entendían los griegos, eran tres aspectos de una Gran Diosa anterior, que podría ser identificada con Rea o con la propia Gea. Estas diosas tripartitas son también una parte de la mitología celta y pueden proceder de los protoindoeuropeos. En Anatolia (la actual Turquía) Rea era conocida como Cibeles, una diosa derivada de la Kubaba mesopotámica, la Kebat hurrita o Kepa. Los griegos nunca olvidaron que el antiguo hogar de la Madre Montaña era Creta, donde una figura en parte identificada con Gea había sido venerada como Potnia Theron (Πωτνια Θερων), la ‘Señora de los Animales', o simplemente Potnia, la ‘Señora', un apelativo que podría ser aplicado en textos griegos anteriores a Deméter, Artemisa o Atenea.


La llegada de los dioses del Olimpo con los inmigrantes al Egeo durante el II milenio a. C., y la en ocasiones violenta lucha por suplantar a Gea, imbuye a la mitología griega de su característica tensión. Ecos de la fuerza de Gea persisten en la mitología de la Grecia clásica, donde sus papeles están divididos entre Hera, consorte de Zeus, Deméter, Artemisa, gemela y esposa de Apolo, y Atenea.


En Roma la diosa frigia importada Cibeles fue venerada como Magna Mater, la ‘Gran Madre', o como Mater Nostri, ‘Nuestra Madre', e identificada con Ceres, la diosa romana de la agricultura que era aproximadamente equivalente a la griega Deméter, pero con diferentes aspectos y adorada con diferentes cultos. Su culto fue llevado a Roma tras un augurio de la Sibila de Cumas sobre que Aníbal el cartaginés no sería derrotado hasta que dicho culto llegase a Roma. Como resultado fue una divinidad favorita de los legionarios romanos y su culto se extendió desde los campamentos y colonias militares romanas.



En otras culturas [editar]


La idea de que la propia tierra fértil era femenina y nutría a la humanidad no estuvo limitada al mundo grecorromano. Estas tradiciones se vieron influidas en gran medida por culturas anteriores de la zona central del antiguo Oriente Medio. En la mitología sumeria, Tiamat influyó en las nociones bíblicas del abismo del Génesis. El título «madre de la vida» fue concedido más tarde a la diosa acadia Kubaba, y por tanto a la hurrita Hepa, que evolucionaría a la hebrea Eva (Heva) y a la frigia Cibeles (Kubala). En la mitología nórdica la Gran Madre, la misma madre de Thor, era conocida como Jord, Hlódyn o Fjörgyn. Los celtas irlandeses adoraron a Danu, mientras los celtas galeses adoraron a Dôn. Dana jugó un papel importante en la mitología hindú y las pistas de sus nombres presentes en toda Europa, como el río Don, el Danubio, el Dniéster y el Dniéper, sugieren que provienen de una antigua diosa protoindoeuropea.[4] En la mitología lituana Gea-Žemė es hija del Sol y la Luna, y también esposa de Dangus (Váruna). En las culturas del Pacífico, la Madre Tierra era conocida bajo tantos nombres y con tantos atributos como las culturas que la reverenciaban. Por ejemplo, el mito de la creación de los maoríes incluye a Papatuanuku, compañera de Ranginui, el Padre Cielo. En Sudamérica (Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y noroeste de Argentina) perdura el culto a la Pachamama (de pacha, ‘tiempo' o ‘época', y mama, ‘madre', en quechua). Los aztecas conocían a la diosa tierra como Coatlicue (‘la de la falda de serpientes' en náhuatl), mientras las antiguas culturas mexicanas se referían a ella como Tonantzin Tlalli, que significa ‘Reverenda Madre Tierra'. En las religiones hindúes, una diosa importante -con nombre parecido a Gaia- es Gaiatrí (aunque no la diosa madre, que sería Durgá o Lakshmí). Solo en la mitología egipcia ocurre lo contrario: Geb es el Padre Tierra mientras Nut es la Madre Cielo.


Carl Gustav Jung sugirió que la madre arquetípica era una parte del inconsciente colectivo de todos los humanos y varios estudiantes jungianos, como Erich Neumann y Ernest Whitmont, han argumentado que dicho arquetipo apuntala muchas mitologías y precede a la imagen del padre en dichos sistemas religiosos. Tales especulaciones ayudan a explicar la universalidad de esta imaginería de diosa madre.


Las figuritas de Venus del Paleolítico Superior se explican a veces como representaciones de una Diosa Tierra parecida Gea.[5]



En el neopaganismo [editar]


Muchos neopaganos modernos, particularmente las sectas neopaganas estadounidenses, adoran activamente a Gea. Las creencias sobre ella varían desde la común wicana de que Gea es la Tierra (o en algunos casos la manifestación espiritual de la tierra, o la diosa de la Tierra) hasta la más amplia creencia neopagana de que es la diosa de toda la creación, una Madre Tierra de la que surgieron todos los demás dioses. A veces se cree que personifica los planetas y la tierra, o incluso todo el universo. Su adoración es muy variada, yendo desde la postración hasta el ritual druídico.


A diferencia de Zeus, un errante dios nómada del cielo abierto, Gea se manifestaba en lugares cerrados: la casa, el patio, la matriz, la cueva. Sus animales sagrados son la serpiente, el toro lunar, el cerdo, y las abejas. En su mano la amapola adormidera se puede convertir en una granada.


Algunos de sus adoradores intentan acercarse a la Madre Tierra volviéndose indiferentes hacia las posesiones materiales y más en sintonía con la naturaleza. Otros reconocen a Gea como una gran diosa y practican rituales normalmente asociados con otras formas de adoración. Muchas sectas adoran a Gea más incluso que a Temis, Artemisa y Hera. Algunas formas comunes de adoración incluyen la postración (intentando alcanzar una mayor conexión con la tierra), prácticas chamanísticas, el diezmo, alabanzas y oraciones, la creación de inspiradas obras de arte a ella dedicadas, quema de aceites e incienso, el cultivo de plantas y jardines, la creación y mantenimiento de «arboledas sagradas».



En la teoría ecológica moderna [editar]


Artículo principal: Hipótesis Gaia


Este nombre mitológico fue rescatado en 1979 por James Lovelock para su hipótesis Gaia. La hipótesis propone que los organismos vivos y las materias inorgánicas forman parte de un sistema dinámico que da forma a la biosfera de la Tierra. La propia Tierra se considera un organismo con funciones autorregulatorias.



Notas [editar]



  1. Hesíodo, Teogonía 116 y sig.

  2. Fontenrose (1959) y otros.

  3. Este asunto ha sido discutido en varios foros sobre el indoeuropeo como cybalist (inglés).

  4. Investigadores del indoeuropeo en cybalist sugieren que *Don puede proceder una raíz protoindoeuropea que significa ‘rápido', aplicado a la corriente de los ríos mencionados.

  5. Witcombe, Christopher L. C. E.. «Women in the Stone Age» (en inglés). The Venus of Willendorf. Consultado el 14 de octubre de 2008.



Bibliografía [editar]



  • Fontenrose, J. E. (1959). Python: a study of Delphic myth and its origins. Berkeley: University of California Press. OCLC 4089770.

  • Kerényi, K. (1951). The gods of the Greeks. Londres, Nueva York: Thames and Hudson. OCLC 387233.

  • Ruck, C. A. P.; Staples, D. (1994). The world of classical myth. Durham: Carolina Academic Press. ISBN 978-0-89089-575-7.



Véase también [editar]




Enlaces externos [editar]


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