sábado, 29 de diciembre de 2007

acerca de la razón ilustrada



Estimado señor:

Habríanse parado mientes en que el potencial emancipatorio de la razón ilustrada se deja doblar de un parejo potencial represivo, pues la misma razón de que nuestro sentido crítico se vale para librar a nuestras mentes de mitologías puede a su vez sobreimponérsenos con la fuerza de un mito y la misma razón gracias a la que nuestra voluntad logra erigirse en dominadora de la naturaleza puede ejercer no menos implacablemente su dominio sobre nosotros que al fin y al cabo somos seres dotados de naturaleza y sólo violentándola en una u otra medida llegamos a convertirnos en miembros de un cuerpo social.

El discurso “moderno” e “ilustrado” se desenvolverá y llegará a cerciorarse de sí mismo, esto es, a cobrar conciencia de aquella subjetividad reflexiva y libre del potencial emancipatorio de la razón ilustrada (John Locke se considera uno de los padres del contrato social, junto con Rousseau y Kant), de modo que deberían pagar un precio por su “emancipación” o “mayoría de edad”. Eso es lo que señaladamente acontecería con la escisión (Entzweiung) de fe y saber (Glauben und Wissen), que lleva a Hegel a hablar de “la Ilustración insatisfecha” (die unbefriedigte Aufklärung) y a proponer la reconciliación (Versöhnung) de filosofía y religión bajo una forma superior de razón o saber absoluto (Vernunft als absolutes Wissen).
Pero el propósito de Hegel quien trataba a la vez de prevenir contra el exceso de “satisfacción” del ilustrado complacido ante las hazañas de la filosofía y contra el “dolor infinito” originado por el colapso de la religiosidad en el pueblo carente de ilustración- se vería cumplido con creces mediante la erección de un sistema filosófico como el suyo, en cuyo seno no sólo se reconcilian filosofía y religión sino también de paso “lo real y lo racional”, con lo que la filosofía “se vedaría ilustrar al mundo sobre lo que ésta deba ser, limitándose a reproducir conceptualmente la realidad tal cual es”.

De esta suerte, queda anestesiado cualquier dolor y al mismo tiempo se embotaban las armas de la crítica y la autodeterminación blandidas por la Ilustración.
Hegel habría sabido ver, según Habermas, que una filosofía del sujeto, por reflexiva y libre que sea esa subjetividad, no basta por sí sola para hacerse cargo cabalmente de la promesa de emancipación encerrada en la razón ilustrada, pero la solución que instituye desterrará toda promesa y equivaldrá a la postre a una retirada o “repliegue estoico” ante el proyecto de la modernidad que tanto había contribuido a problematizar.

Quede suya, Sylphides.

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