sábado, 29 de diciembre de 2007

acerca del papel del filósofo


La tarea del filósofo no es únicamente concebible como una meditación crepuscular, pues la lechuza filosófica es capaz de volar también de madrugada. Y los filósofos no sólo están llamados a la desinteresada contemplación cuando no a la defensa interesada de lo que hay: de ellos cabría esperar que contribuyan a cambiarlo, interesándose por lo que todavía no hay pero pudiera y debiera haberlo.

Sylphides a amigos:


Estimada Diotima:


El demon o daimon socrático incluye la conquista por la autoestima, por la satisfacción propia.
Pocas obras a lo largo de la historia de la filosofía han logrado “mostrar” sin necesidad de “decir” -por hacer nuestra la expresiva distinción wittgensteiniana- en qué consiste esa vida de la razón tan acabadamente como lo lograron los Diálogos platónicos.


Cuando los personajes de uno de ellos Sócrates, Glaucón y su hermano Adimanto, Trasímaco, Cáfalos y su hijo Polemarco, Clitofonte e incluso el coro de los que silenciosamente asisten a la conversación- dialogan en torno a la virtud de la justicia, aduciendo e intercambiando sus razones, están haciendo todo lo que racionalmente cabría hacer al respecto y llegando tan lejos como a la “razón práctica” le sería dado en llegar a este punto.


Aunque quizás tal diálogo no acostumbra a ser emprendido con vistas a alcanzar algún acuerdo, como quiera que ello sea lo que está claro es que un acuerdo semejante sólo sería posible a través del diálogo.
Gracias y un abrazo!




Querida Zarza:


Tenemos que comprender la vida del filósofo a través de la sociedad y el momento cultural que le toca vivir, los filósofos presocráticos y socráticos vivieron alrededor de la polis, se reunían en el ágora y a través del diálogo crearon una forma de pensamiento, la dialéctica, como la llamó Aristóteles.


Pero sé lo que me quieres decir, me preguntas si ellos amaban o no, o si odiaban, y sobre esas cosas no estoy bien informada, al menos de Sócrates me interesa no sólo su vida sino también su forma de morir, su no defensa, su aceptación, su forma de suicidio, como también después sucedería con Séneca. O como por citar a Epicuro el contrapunto de Séneca éste otro vivió al final de su vida en una casa jardín que se construyó y compartía con sus amigos, el hablaba de un hedonismo y de una amistad, y en cierta manera no creas que de los placeres que ellos gozaban estaba el de la mujer, para ellos que eran ya hombres maduros, ponían entre sus goces mayores el de la amistad y el diálogo.
un gran beso.




Estimado Daven:


Aunque nadie ignora que el diálogo socrático hace frecuente uso de argumentos puramente retóricos y hasta plagados de sofismas, eso tan sólo prueba que Platón -y no digamos Sócrates- comparte historicamente hablando el “universo del discurso” de los sofistas pero no que sus Diálogos hubieran sido concebidos como una indirecta apología de la sofística. El caso sin embargo es que uno puede hallarse convencido no sólo de la posibilidad del diálogo racional sino de la insoslayable necesidad de recurrir a él si desea alcanzar un acuerdo genuino, pero sin que no obstante ello le lleve a sostener que dicho acuerdo tendría que estar asegurado por adelantado para que quepa hablar de auténtico diálogo.


Sugiero que el diálogo filosófico, como un día los diálogos socráticos, debiera hoy también ser incluyente en nuestra forma de pensar.


Por descontado no siempre ha ocurrido así, hasta el mismísimo Platón acabaría escribiendo obras en que el diálogo apenas era más que un pretexto para la exposición de su propio sistema. En nuestros días y por más que en buena parte continuemos viviendo de los hegelianos restos del último gran sistema de la historia de la filosofía, los tiempos ciertamente no parecen estar para sistemas.


De modo que hoy por hoy conviene que el diálogo quede abierto y no digamos mi monólogo.
En cuanto a Wittgenstein hay que diferenciar el Wittgenstein del Tractatus philosophicus del ultimo Wittgenstein de las Investigaciones filosóficas.


Lo unico que podemos representar mediante el lenguaje son hechos naturales, es decir, científicos, y por tanto acerca de los valores hemos topado con el mundo de lo inefable.
Pero el ultimo Wittgenstein no se muestra dispuesto a refrendar que los hechos de la naturaleza determinan completamente nuestro lenguaje, mientras, por otro lado, se resiste a afirmar que los hechos de la naturaleza sean en su totalidad creaciones de nuestro lenguaje.
La posición de Wittgenstein difiere en consecuencia de la del relativista para el que el lenguaje determinaría lo real y la del absolutista que simplemente invertiría esta relación.
El Wittgenstein de las Investigaciones filosóficas fue el primero en adelantar esta sugerencia un tanto inquietante, acompañada de que lo esencial para que haya lenguaje es que la actividad en que consiste pueda ser compartida por los miembros de una comunidad, la comunidad de quienes lo hablan y alcanzan a comunicarse mediante él.
Por tanto, un “codigo moral” también podría ser un paradigma científico y se podría discutir acerca de él intraparadigmaticamente.
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Y en cuanto a Marx.- Como bien es conocido Habermas se halla seriamente consagrado -en la línea de Marx y la izquierda hegeliana (“seguimos siendo contemporáneos de los jóvenes hegelianos”) a la meditación acerca de las condiciones llamadas a hacer posible ese “proyecto inconcluso”.


La razón exclusivamente fundada en el principio de subjetividad, que Hegel primero y luego Marx se habían forzado en reconducir del “yo” al “nosotros” sin que quepa decir que su empresa se viera coronada del todo por el éxito, se reducirá para Nietzsche a “pervertida voluntad de poder” y, ya en nuestros días se ha visto sucesivamente sometida a la reivindicación de “lo heterogéneo” o irreductible a la razón como en Bataille, a la purga de toda pretensión racional de validez en el discurso que acompaña al “desenmascaramiento de las ciencias humanas” por parte de Foucault, o a la denuncia del “logocentrismo” a manos de Derrida.


El balance con que concluye Habermas (“la crítica radical de la razón”, que nos hace bordear más de una vez “las fronteras del irracionalismo” si es que no nos arroja a él de hoz y coz, “no consigue en el fondo llevarnos más allá de la filosofía del sujeto”) es cualquier cosa menos alentador -siquiera sea por esta vez nadie podrá tacharle de “ecléctico”- y le obliga a buscar otra salida que ya Hegel y Marx habían tanteado y que se impone ahora retomar provistos de mejores pertrechos.


Para decirlo en dos palabras, frente a la “monológica” razón centrada en el sujeto, Habermas nos invita a recurrir a una razon dialógica o “razón comunicativa” (kommunikative Vernunft) cuyo ejercicio implica el diálogo entre los miembros de una “comunidad de sujetos”.


En cuanto al papel del filósofo:
La filosofía -a la que no le puede ser ajeno semejante ideal de la razón- no es en última instancia sino una variedad particularmente sintomática de aquel “malestar de la cultura”, del que habló Freud, como si hubiese siempre una tensión con nuestra naturaleza.
Al menos hoy por hoy y desoyendo las recomendaciones de más de uno de sus padres fundadores, la filosofía contemporánea no se interesa tanto por encontrar seguras razones cuanto razones de su inseguridad.
su consagrada de usted, Sylphides.
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Querida otredad:
Freud caracterizó nuestra instalación en la cultura más allá de todo fácil intento de reconciliación de lo irreconciliable, como una especie de profundo malestar, lo que quizá nos invite a trocar nuestra justa indignación por la melancolía.
De ahí que nuestra lechuza filosófica siga con los ojos abiertos!
chapeau! ma chère ami!
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Gracias a todos por venir y soportarme, pero ultimamente lo unico que soporto algo es lo que me eleva intelectualmente hablando, un gran beso a todos!

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